viernes, 29 de noviembre de 2019
Wellness. Episodio 10: Rouge
- ¿Se encuentra bien? - me preguntó una voz.
¿Quién me hablaba? Ah, era la doctora. Sonia se llamaba. Creo.
-¿Qué me ha pasado? - seguía aturdida, y me dolía mucho la cabeza - Ay...
- Estaba acompañándole a la salida cuando de repente se desmayó y, al caer, se golpeó la cabeza. Todo apunta a una bajada de tensión.
¿Una bajada de tensión? Nunca había tenido una, Tenía la sensación de que se me estaba escapando algo. No podía pensar bien.
- Una bajada de tensión... Claro, tiene sentido. No quería darle más vueltas, pensar me dolía.
- Eso dicen los análisis, debió ser al enterarse que su hermano no estaba aquí. Parece que fue un gran impacto.
- ¿Mi hermano?
- El señor Williams - me respondió con una sonrisa.
- Ah sí, claro. Perdona, tengo la cabeza embotada todavía. ¡Maldita sea Rouge!, despierta. Casi te pilla.
Agh, no podía pensar bien.
- Es normal, acaba de darse un golpe muy fuerte. No se presione demasiado.
- ¿Cuánto tiempo he estado aquí?
- Apenas unas horas, no se preocupe, no ha pasado mucho tiempo.
No había reloj para comprobarlo, ni tampoco ventanas, pero algo me decía que estaba mintiendo. Lo único que había alrededor eran las inmaculadas paredes blancas propias de todo el edificio.
- ¿Puedo irme ya?
- Claro que sí, puede irse cuando guste señorita Rouge. Aunque le aconsejo que vaya con cuidado, nunca se sabe cuando le puede pasar de nuevo.
- Muchas gracias por su ayuda.
- De nada hombre, para eso estamos. - Me respondió con una sonrisa de oreja a oreja. - Por favor acompáñeme a la salida -dijo mientras señalaba unas puertas automáticas.
¿Y esta sensación de déjà vu? Mi cuerpo se puso alerta sin saber por qué.
Seguimos andando por pasillos y puertas que me parecían interminables hasta llegar a la, ya familiar, sala de recepción.
- Buenas tardes, señorita Rouge - me dijo una recepcionista de sonrisa deslumbrante totalmente vestida de blanco - esperamos volver a verla de nuevo. Pase un buen día.
- Muchas gracias, igualmente - respondí mientras me daba la vuelta y me iba.
Giré la cabeza justo a tiempo para ver a Williams, fuera, en la puerta alejándose acompañado de... ¿mí?
miércoles, 20 de noviembre de 2019
Wellness. Episodio 9: Williams
Miré hacia la izquierda. Una mujer hablándome.
Miré hacia la derecha. Nada. Espera, ¿qué?
Volví a mirar hacia la izquierda y, si, efectivamente había una mujer hablándome, parecía alterada. Creo que debería escucharla.
- Williams, ¡Williams! ¿Me oyes?
¿Quién era? ¿Cómo sabía mi nombre? Parecía conocerme por como me trataba.
- ¡Williams! - Me gritó al borde de la desesperación.
Me estaba asustando, no quería ver a nadie, sólo quería ir a mi casa. Empecé a retroceder lentamente mientras balbuceaba algún tipo de excusa, tenía miedo.
- ¡Williams! ¿Es que no me reconoces?
- Lo siento, no sé quién eres- dije mientras seguía retrocediendo poco a poco
- No puede ser, he llegado demasiado tarde... - la mujer dejo de hacer aspavientos, dejo caer los brazos y me miró con expresión derrotada.
- ¿Demasiado tarde? ¿Para qué?
- Ven, te lo explicaré por el camino, cuando llegues lo entenderás todo.
Me cogió de la mano antes de que pudiera negarme y empezó a tirar de mí en dirección opuesta a donde yo creía que estaba mi casa.
Nunca había estado en esa parte de la ciudad.
- ¿A dónde me llevas?
- Espera un poco, quiero enseñarte una cosa.
Seguimos andando durante cinco minutos más hasta que llegamos a un reciento anteriormente muy lujoso pero que ahora parecía estar abandonado. Era el antiguo cementerio.
Atravesamos la puerta desvencijada y seguimos andando hasta llegar a una estatua situada en el centro del cementerio.
La estatua representaba a un hombre de mediana edad, lástima que sus rasgos hubieran sido borrados hace tiempo.
- ¿Por qué me has traído aquí?
A sus pies rezaba esculpido en piedra:
viernes, 15 de noviembre de 2019
Wellness. Episodio 8: Rouge
- Oh, la señorita Rouge, ¿verdad? ¿En qué puedo ayudarle? - Me preguntó la ya conocida recepcionista de sonrisa deslumbrante totalmente vestida de blanco.
¿O era diferente?
- Buenos días, me gustaría saber si mi hermano ha pasado por aquí - tenía que mentir si quería que me dieran información sobre Williams.
- ¿Su hermano? - la recepcionista no perdía la sonrisa.
- Sí, el señor Williams, me dijo que iba a acudir a este centro. - Y, además, le había visto entrar.
- Claro, espera que consulte en el fichero si tenemos algún paciente con ese nombre.
...
- ¿Puedo ayudarle en algo señorita? - me sobresaltó una voz por detrás.
Me giré sólo para ver a una mujer vestida con una bata que me miraba muy fijamente. Se llamaba Sonia según lo que estaba bordado en la parte izquierda de la bata.
- He venido a ver a mi hermano Williams, la recepcionista está buscando en el fichero ahora mismo -dije mientras señalaba... ¿un lugar vacío? Donde antes estaba la recepcionista ahora sólo había... nada.
La doctora me miró con extrañeza mientras apuntaba algo en su libreta.
-Acompáñeme por aquí, por favor. - Dijo señalando unas puertas automáticas al fondo.
Seguimos avanzando y tras unos cuantos giros llegamos a una sala vacía con apenas una mesa y dos sillas.
- ¿Cómo ha dicho que se llamaba su hermano?
- Williams.
- Williams, ¿qué más?
Mierda, no sabía su apellido.
- Sólo Williams - dije intentando aparentar una seguridad que no tenía.
La doctora me miró fijamente pero siguió buscando sin decir nada en lo que parecía ser un archivador enorme.
- Lo lamento mucho señorita Rouge - dijo pasado un tiempo - pero ningún señor Williams ha estado en nuestras instalaciones ni se ha sometido a ninguna operación.
¡Eso era imposible!
- Es más, puedo decirle que no hay ningún señor Williams en todo ciudad Paraíso. Me temo que su "hermano" no está aquí señorita Rouge - me dijo con cierto retintín en la voz al pronunciar la palabra hermano.
¿O me lo había imaginado?
- ¡Pero eso es imposible! ¡Yo misma le vi entrar aquí ayer!
- Me temo que debió confundirse usted señorita Rouge, seguramente vio a alguien muy parecido a él.
Estaba segura de que era Williams a quien había visto entrar
- Estoy segura de que era él - volví a afirmar con seguridad - Reconocería a mi hermano en cualquier parte.
- Tal vez, si me diera más datos podría afinar la búsqueda. Aunque ya le adelanto que será en vano, el fichero no miente. ¿Dónde vive?
- No lo sé...
- ¿Vive solo? ¿Con alguien?
- No lo sé...
- ¿Alguna característica peculiar? ¿Algo a resaltar?
- No... - la verdad es que era muy normal, no había nada reseñable en él.
- Bueno señorita Rouge, creo que ya me ha hecho perder suficiente tiempo por hoy; ahora, si me permite, tengo pacientes a los que atender. - Dijo mientras salía por la puerta y la cerraba tras de sí.
Oí el sonido de una llave.
- ¡Eh! - rápidamente corrí hacia la puerta y justo cuando iba a golpearla se abrió repentinamente.
- Oh, discúlpeme, no estoy acostumbrada a tener visitas. Ha sido inconsciente. - me dijo sonriendo, aunque sólo con los labios.
- No pasa nada, a todos nos pasa - le respondí igualmente mientras salía por la puerta.
¿Había sido una amenaza? Sea como fuere necesitaba salir de ahí.
- Por favor, acompáñeme a la salida -dijo la doctora mientras me señalaba unas puertas automáticas. ¿Eran las mismas por las que había venido?
Empecé a avanzar seguida de cerca por la doctora cuando de repente noté un leve pinchazo en el brazo. No le di importancia.
Segundos después note que me desmayaba.
Oh, mierda.
Fue lo primero que se me vino a la cabeza.
¡Socorro! Intenté gritar instantes después. La boca no me respondía.
Lo último que vi antes de caer inconsciente fueron los pies de la doctora y... no lograba distinguir la forma borrosa que se acercaba.
¿Quién era?
lunes, 11 de noviembre de 2019
Wellness. Episodio 7: Rouge
Decidí marcharme lo antes posible, tenía que recuperar mi vida normal .
No sé qué me había llevado hasta allí pero estaba claro que había sido en vano.
Estúpida yo del pasado...
Tan ofuscada estaba que no fue hasta una hora después que reparé en que era Williams la persona que había visto entrar cuando yo salía.
Pobre infeliz, seguramente ya había perdido toda esperanza. Otro más que caía en las garras de ese dichoso centro.
Lo cierto es que, en cierta manera y a pesar de todo, sentía cierto interés por él. Sí, era un idiota sin voluntad atrapado en sí mismo, pero sentía como si estuviéramos conectados. Era extraño.
Le había conocido hace muy poco y, sin embargo, tenía la sensación de saber de él desde hace mucho.
Seguía enfrascada en mis pensamientos recordándome lo estúpida que había sido cuando caí en la cuenta de algo que había dejado pasar:
Yo nunca había acudido al centro Wellness antes, ni siquiera había avisado por teléfono que iría, ¿cómo sabía mi nombre?
Me estaba empezando a agobiar así que resolví llamarles al día siguiente.
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- Buenos días, la señorita Rouge, ¿verdad? ¿En qué puedo ayudarle? - me respondió una voz familiar antes de que pudiera articular palabra. Ya me estaba imaginando su deslumbrante sonrisa mientras hablaba.
Empezaba a odiar a esa recepcionista.
- Buenos días, ¿cómo sabe quién soy? Todavía no le he dicho mi nombre
- Tenemos un identificador de llamadas que nos indica quién está llamando y desde donde.
Pero si es la primera vez que les llamo y nunca dije donde vivía, no debería saber quién vive en esta casa. Es más, ¡vivo alquilada!
Empezaba a asustarme. Calma Rouge - me dije a mi misma.
- ¿Señorita Rouge? ¿Sigue ahí? ¿Puedo ayudarle en algo?
¡Mierda! Me había quedado callada sumida en mis pensamientos.
- No, muchas gracias, no necesito nada. Colgué inmediatamente; no pensaba hablar por teléfono ni un segundo más.
Definitivamente no podía irme de ahí sin averiguar qué estaba pasando en el centro..
Pero antes tenía que sacar a Williams de ahí.
¿Por qué seguía pensando en él?
lunes, 4 de noviembre de 2019
Wellness. Episodio 6: Williams
-Está en el centro Wellness señor Williams, nos llamó por teléfono hace dos semanas, ¿recuerda?
-¿El qué señor Williams? - preguntó lo que parecía ser una doctora mientras me miraba con extrañeza y apuntaba algo en su cuaderno. Su sonrisa había desaparecido.
- ¡Pues todo! Los pasillos interminables, la misma sala una y otra vez, ¡incluso la misma recepcionista!
-Señor Williams, por favor, cálmese, no alce la voz. Es normal que tenga recuerdos confusos y entremezclados, acaba de ser sometido a una operación muy delicada. Tómese estas pastillas cada tres horas y los síntomas deberían remitir en menos de una semana - dijo mientras sacaba un pequeño bote con cápsulas blancas del bolsillo.
- A usted señor Williams, le esperamos dentro de un mes para el seguimiento.
martes, 29 de octubre de 2019
Wellness. Episodio 5: Adam
Eso fue lo primero que pensé nada más abrir los ojos.
- Sonia, ¡Sonia!
- ¿Desea algo señor Adam?
- ¿Cómo ha ido el centro en mi ausencia?
- Muy bien señor, cada vez más gente solicita nuestros servicios. Desde que se fue por última vez hemos tenido más de 1.200 pacientes nuevos...
- ¿Pero...? No titubees Sonia, dime que ocurre. No me hagas perder el tiempo.
- Algunos de los pacientes regresan pasado cierto tiempo señor, dicen tener recuerdos antiguos, recuerdos que deberían haber sido borrados..
- ¿Estáis seguros de que lo hicisteis bien? Eso debería ser imposible.
- Completamente señor, yo misma me aseguré de que se realizara el proceso correctamente.
- Tendremos que revisarlo, ¿de cuántos pacientes estamos hablando?
- Pocos señor, apenas una docena.
- Incluso uno sólo puede arruinarlo todo, tenemos que asegurarnos de que no vuelva a ocurrir bajo ningún concepto. No quiero excusas, ¿entendido?
Si esto saliera a la luz estaríamos en un grave problema, y no quiero que el gobierno meta sus narices en mis instalaciones.
- Sí, señor.
-¿Algo más que quiera contarme?
- No tiene importancia señor, pero el otro día vino una chica preguntando por usted.
- ¿Y?
- Era la señorita Rouge señor...
- Oh... - Entonces la cosa cambia - ¿Qué quería? ¿Daba indicios de sospechar algo?
- No señor, simplemente dijo quería hablar con usted pero no mencionó nada especial.
- Si vuelve a venir preguntadle el motivo de su visita, ahora tengo que irme. Asegúrate de haber solucionado las anomalías para cuando regrese.
- ¿Cuándo será eso señor?
- No sé cuánto me llevará esta vez, puede que menos de un mes.
Cada vez era más fácil.
miércoles, 23 de octubre de 2019
Wellness. Episodio 4: Williams
- Buenas tardes, el señor Williams, ¿verdad? - me dijo una recepcionista de sonrisa deslumbrante totalmente vestida de blanco - le estábamos esperando. Por favor, avance por el pasillo del fondo.
Me froté los ojos esperando haberme equivocado, la recepcionista era exactamente igual a la anterior.
- ¿Pero tú no estab... ¿tú no estabas hace un momento en la otra sala?- pregunté asombrado.
La recepcionista me miró con extrañeza.
Sigue adelante. No hagas preguntas.
Decidí seguir adelante de todos modos. ¿De dónde había surgido esa voz?
Avancé por el pasillo que me había indicado hasta atravesar unas puertas automáticas al fondo, tan sólo para llegar a una sala completamente idéntica a las dos anteriores.
- Buenas tardes, el señor Williams, ¿verdad? - me dijo una recepcionista de sonrisa deslumbrante totalmente vestida de blanco - le estábamos esperando. Por favor, avance por el pasillo del fondo.
Sin mediar palabra ni pensármelo dos veces continué por donde me indicaban. Esto no podía estar pasando, tenía que ser un sueño. Mi mente me estaba jugando una mala pasada. Otra vez.
- Buenas tard- antes de que terminara de hablar salí corriendo, atravesando el mismo pasillo una y otra vez tan solo para llegar a la misma habitación con la misma recepcionista. Me estaba volviendo loco.
No sé cuantas veces repetí ese ciclo que parecía no tener fin, quería salir de allí. ¡Necesitaba salir de allí!
Me di la vuelta para volver por donde había venido. No había puertas, ni pasillo, ni nada. Una enorme pared blanca bloqueaba lo que debía ser el camino de vuelta. Si es que alguna vez había existido alguno.
No hay marcha atrás.
Pensé en gritar, pedir ayuda, pero ¿quién iba a venir a salvarme? La recepcionista sólo repetía la misma cantinela una y otra vez y no respondía a ninguna de mis preguntas.
Estás solo.
Estaba al borde de la desesperación, me estaba hundiendo cada vez más y más en un pozo sin fondo, la locura me arrastraba...
Noté como se me cerraban los ojos y me quedaba sin fuerzas.
Espero no golpearme en la cabeza.
Ese fue mi último pensamiento antes de perder la conciencia.
viernes, 18 de octubre de 2019
Wellness. Episodio 3: Rouge
No sabía de dónde venían mis sospechas, pero no podía creer que algo tan bueno fuera cierto; algo andaba mal con el centro Wellness y su presidente. Estaba segura de ello y no pararía hasta demostrarlo.
¿De dónde me venían estas ideas?
Decidí acercarme ese mismo día.
Rezaba un cartel enorme a la entrada del recinto que acogía sus instalaciones.
- Oh, la señorita Rouge, ¿verdad? ¿En qué puedo ayudarle? - Me preguntó una recepcionista de sonrisa deslumbrante totalmente vestida de blanco.
Desearía ver al señor Adam - respondí un poco extrañada de que conociera mi nombre. No recordaba habérselo dicho.
- Lo lamento mucho pero hace un año que el señor Adam no se pasa por la ciudad, ¿Quiere concertar una cita con él?
- No, no se preocupe, ya vendré otro día -prefería que no supiera que le estaba buscando - ¿Sabe cuándo volverá?
- Lo lamento mucho, pero el señor Adam viene y va de imprevisto, es un hombre muy ocupado. Ni siquiera nosotros, sus empleados, sabemos donde encontrarle; y muchos ni siquiera le hemos visto la cara salvo por televisión.
Con cada palabra que decía la recepcionista me iba sintiendo cada vez más idiota. Llevaba dos meses vigilando e investigando como una imbécil para nada. Todo había sido en vano.
Tenía que volver a casa y reflexionar sobre lo que iba a hacer a continuación, no podía malgastar mi vida en esta ciudad.
No te rindas
- Perdone, ¿ha dicho algo? - le pregunté a la recepcionista.
- ¿Yo? No, lo siento señorita - me respondió mientras miraba la pantalla que tenía enfrente.
- Oh... habrán sido imaginaciones mías.
Sin embargo, estaba segura de haber escuchado una voz. Habrá sido el cansancio.
Iba tan sumida en mis pensamientos que no me di cuenta que al salir me crucé con una cara conocida que entraba, ¿Williams?
martes, 15 de octubre de 2019
Wellness. Episodio 2: Rouge
Había intentado cruzar unas palabras con él pero su conversación era tan errática como sus pasos, todo era inconexo en ese hombre.
Williams decía llamarse. O al menos eso repetía constantemente.
Tengo que reconocer que me producía cierta curiosidad, no él, obviamente; sino la situación que le había llevado a aquel estado.
El claro contraste que ejercía con el resto de habitantes de la ciudad de la felicidad era cautivador, más de una vez me había sorprendido a mi misma pensando en él mientras realizaba mi paseo diario. No era habitual en mí.
Pasó el tiempo y la casualidad se volvió rutina, los encuentros inesperados empezaron a hacerse predecibles y las conversaciones cada vez más aburridas. Como siempre, había perdido el interés.
Cierto día dejé de verlo. No volvió más. Sinceramente esperaba que no hubiera muerto, aunque tampoco le echaría de menos.
--
Mi casa estaba situada a escasos metros de las instalaciones del centro Wellness. La había escogido ahí porque necesitaba un lugar desde donde poder observar a toda esa marea de gente que entraba y salía de sus edificios. Empleados y clientes.
Daba igual el estado en el que entraran, todos salían con una sonrisa de allí, como si nada les afligiera, como si les hubieran drogado.
Sólo había una persona a la que no había visto todavía, Adam Smith, dueño de la compañía.
El hombre más bueno del planeta y a la vez el más enigmático. Nadie sabía de donde había salido hasta que apareció de la mano de su método Wellness. Su ascenso hasta posiciones influyentes había sido tan meteórico como misterioso.
Había intentado investigar su pasado en otras ocasiones y siempre me había dado de bruces contra un muro de anonimato y privacidad como si alguien se hubiera ocupado de borrar sus huellas.
Por eso decidí venir aquí, al origen de todo, a su hogar.
viernes, 11 de octubre de 2019
Wellness. Episodio 1: Williams
Me miraba al espejo y no reconocía el reflejo que tenía delante, ni siquiera notaba las manos como mías. Me sentía una marioneta incapaz de ver los hilos de su titiritero.
Un único nombre se repetía dentro de mi cabeza:
Era....
No lo recuerdo.
Ni siquiera sabía por qué había decidido mudarme aquí, al centro de Paraíso, la ciudad que había surgido con Wellness como su epicentro.
Si sabía donde vivía era porque los vecinos me reconocían, y aún así una de cada cuatro veces aparecía en la otra punta de la ciudad, perdido, desorientado, sin saber donde estaba.
Nada más desaparecer de mi vista, ya no me acordaba de ella. Su cara se había fundido en el amasijo de pensamientos inconexos que poblaba mi mente día tras día.
martes, 8 de octubre de 2019
Wellness. Episodio 0: Bienestar
Menudo ego - pensé.
Después de la Tercera Guerra Mundial nuestro presidente, Adam Smith,, reputado neurocientífico, encontró una manera de actuar directamente sobre la amígdala y el hipocampo para hacer desaparecer los recuerdos de los veteranos. Su objetivo era eliminar el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y así lograr que pudieran continuar con sus vidas tras la guerra.
- Sí, por aquí por favor - me respondió señalándome unas puertas automáticas al fondo de la sala.
miércoles, 2 de octubre de 2019
Buenos días
Ojos hinchados, ojeras y una sonrisa. Era la cosa más hermosa que había visto nunca.
-Buenos días -dijo con voz adormilada.
-Buenos días - respondí.
Estaba tapada con dos edredones, era invierno y ella siempre tenía frío. Mis pies jugueteaban con sus calcetines intentando quitárselos, tenía que levantarme en 3 minutos y quería que duraran para siempre.
Vuelve a dormir- le dije.
No quiero- me respondió-poniendo cara de niña enfadada - quiero estar contigo.
- Yo me voy a levantar ya.- le dije besándola suavemente en la frente.
Su cara pasó del enfado a la tristeza en un segundo.
- ¿Que ocurre?
-No quiero que te vayas.
-Ni yo, pero tengo que ir a trabajar - respondí acercándome a besarla.
Antes de que me diera cuenta se abalanzó sobre mi aplastándome contra la cama.
-Ahora estás atrapado, jeje - me dijo con una sonrisa traviesa y una mirada divertida en los ojos.
Intenté poner cara de enfado pero no pude reprimir una carcajada. Me encantaba y ella lo sabía.
- Amor, tengo que irme - le dije entre risas.
- ¡No! - me respondió con la voz aniñada - Quiero que te quedes conmigo para siempre.
viernes, 30 de agosto de 2019
Conversación
Al instante estábamos pegados, su espalda contra la pared y las manos entrelazadas por encima de la cabeza. Mi boca en su cuello, su respiración, agitada.
La ropa sólo estorbaba en la danza que bailaban nuestros cuerpos.
Ya no había nada.
Mis labios bajaban su abdomen dibujando arte abstracto con la lengua hasta encontrarse con los suyos. Un beso profundo, literalmente.
Sus manos no me dejaban mover el cuello, estaba atrapado en una jaula de oro, y me daba igual donde estuvieran las llaves.
Ella compensó la saliva que me faltaba.
De repente estaba sobre mí, sus manos sobre mi pecho, mostrándome que tenía el control,.
Que con sólo un movimiento de cadera podía hacerme ver las estrellas, y lo estaba haciendo.
Ella era la protagonista de este acto.
No podía más, tenía que hacer algo.
Su espalda contra la pared,, sus pies rodeando mi cintura, sus uñas jugando con mi piel, y sus dientes con mi cuello.
Mis brazos se tensaban con el esfuerzo de mantenerla flotando como la diosa que era. Merecía la pena.
Los decibelios iban en aumento, los gemidos se habían convertido en gritos y ya no había tiempo para palabras, de ninguno de los dos.
Se desató la tormenta.
...
Respiración agitada, corazón acelerado, cuerpo tembloroso. Ninguno osaba moverse. Fue la mejor conversación que habíamos tenido.
miércoles, 14 de agosto de 2019
Un mundo nuevo
Te mostraré el Sol arder y a la Luna llorar sólo para que veas el brillo de algo nuevo.
Te mostraré la fiereza de los ríos y la calma de los mares.
Te mostraré un abismo insondable al borde de un precipicio y tu reflejo en la superficie del hielo en un lago en invierno.
Te mostraré la belleza que hay tras una muerte y la tristeza de una vida sin propósito.
Te mostraré un mundo nuevo, uno en el que te sientas perdida y no sepas a dónde ir. Un mundo donde todos vayan al revés y se ande cabeza abajo.
Un mundo donde la única desnudez que importa es la del alma.
Donde la gente no habla, expresa; y donde ningún camino lleva a Roma.
Un mundo donde el fuerte apoya al débil para que este se haga fuerte.
Un mundo donde la vida no se mide en minutos sino en momentos.
Un mundo donde lo eterno sí dura para siempre.
Te mostraré todo sólo para que puedas decirlo una última vez.
Ya he elegido.
lunes, 5 de agosto de 2019
El cuenco
¿Qué escritor que se precie no es capaz de transmitir lo que siente?
No sé si es falta de léxico, de vocabulario o que simplemente no estoy hecho para esto, pero permítame que, antes de rendirme, haga un esfuerzo para expresártelo.
Imagina que dentro de ti, a la altura del pecho hay un cuenco, da igual el tipo de cuenco, si es grande o pequeño, si es donde tomabas los cereales cuando eras niño o si es de oro con incrustaciones de piedras preciosas.
Lo importante es que sea un cuenco, y que sea tuyo.
Ahora imagina que cada día añades una gotita a ese cuenco, no importa lo que haya pasado si has tenido un mal día o uno bueno, ni de qué lo estés llenando. Lo importante es que cada día haya una gota más en ese cuenco.
Pasarán los días, pasarán los años y llegará un día en que, por muy grande que sea el cuenco, habrás superado su capacidad y se empezará a desbordar. Rebosará por los laterales y su contenido empezará a derramarse fuera.
No te preocupes, tú sigue llenándolo, gota a gota, día a día . Notarás que ya no es sólo el cuenco, si no que tu cuerpo entero empezará a llenarse como anteriormente lo hizo el cuenco. A veces tendrás una sensación de ahogo, como si estuvieras buceando bajo el agua, como si algo te inundara. No te preocupes, tú sigue llenándolo, gota a gota, día a día.
Llegará un momento en que tu cuerpo también se llenará, y empezará a desbordarse.
Empezará a formarse una cúpula a tu alrededor, cada vez más grande, cada vez más densa. Y, sin embargo, no es asfixiante, es cálida y acogedora como el abrazo de una madre a su hijo recién nacido o el primer beso de dos enamorados
Pase lo que pase, llenes lo que llenes y se desborde lo que se desborde, tú sigue añadiendo esa gota día a día.
Esto es lo que significa: más que ayer pero menos que mañana.
miércoles, 31 de julio de 2019
Ella
Ella era la luz que alumbraba una vida ahora ya apagada.
Ella era los colores de un día a día que se ha tornado gris.
Ella era la alegría de una sonrisa y la felicidad de una buena noticia; de esas que ya no quedan.
Ella era la belleza de una puesta de sol que anunciaba el final de una etapa.
Ella era la sencillez de una tarde en el parque y la complejidad de un laberinto infinito en el que perderse.
Ella era el bálsamo que curaba todas las heridas, las palabras que sanaban un alma dolorida.
Ella era el latido de un corazón roto, el pálpito de un aliento sin vida.
Ella era la seguridad de una persona insegura.
Ella era la niñez de una persona adulta.
Ella era la estabilidad de un trapecista en la cuerda floja justo antes de caer al vacío.
Ella era la cera que mantenía las alas de este Ícaro.
Ella era un angel de alas rotas que consiguió alzar el vuelo dejándome solo.
Ella era viaje y destino pero me perdí y se acabaron separando nuestros caminos.
Ella era el susurro con el que te sumía en sueños Morfeo.
Ella era la locura de una persons cuerda colgada del peso de su propia conciencia
Ella era luz.
Y yo estaba ciego.
Ella era todo.
Y ahora no hay nada.
Ella era vida.
Y ahora estoy muerto.
miércoles, 19 de junio de 2019
Nosotros
Éramos como la noche y el día. Ella tan brillante y luminosa. Yo tan sombrío y oscuro.
Dicen que los polos opuestos se atraen, pero esto sólo se cumplía para uno de los dos.
Ella era tan cálida como una tarde de primavera, yo el frío de una solitaria noche de invierno.
Eramos las dos caras de una misma moneda destinadas a estar juntos, condenados a no poder verse.
Un dios juguetón la lanzó al aire y, como suele ocurrir en estos casos, uno miro al cielo y otro besó el asfalto.
Esta vez me tocó aprender.
La suerte de conocerte, la desdicha de perderte.
Supongo que a esto llaman karma, el destino de un escritor que nunca terminó una historia condenado a sufrir las consecuencias de sus actos.
Dicen que aquel que juega con fuego acaba quemándose, y para el hielo, cualquier soplido es cálido.
El agua acabó apagando las llamas que una vez existieron, mojando las cenizas para evitar al ave Fénix.
Podías perderte en su mirada, ¿sabías? Era un laberinto infinito que no sabes a dónde te llevaría. Cambiaba con cada parpadeo, y si te detenías un segundo, era cada vez más hondo.
Nunca llegué hasta el final, cada vez que pensaba haberlo encontrado aparecía un nuevo camino que me invitaba a continuar.
El fallo fue mío, la luz que irradiaba no fue suficiente y acabé sumido en la oscuridad a la que tanto estaba acostumbrado,.
El escorpión mató a la rana por su naturaleza, y yo hice lo propio por la mía.
Al trébol de 4 hojas se le cayeron los pétalos, el ocaso había llegado.
Nunca pensé que la eternidad fuese tan corta.
lunes, 20 de mayo de 2019
Bajo la tormenta
Llevaba lloviendo 3 semanas y no parecía que fuera a parar. El sol se había ido hace mucho y todo se había tornado de un triste color gris.
Seguía caminando porque no quedaba otra, pero el último lugar donde guarecerse de la tormenta había quedado atrás hace mucho.
Cada mañana miraba al cielo con esperanza y acto seguido bajaba la mirada con resignación. De vez en cuando me parecía ver un resquicio de luz, pero a estas alturas estaba seguro de que eran ilusiones mías.
Ya sólo sentía frío, el calor que había llegado a sentir meses atrás se había ido.
Mis compañeros de viaje me ayudaban, y se lo agradezco, pero por muchos paraguas y abrigos que me dieran seguía sintiendo cada gota sobre mi piel como si de puñales afilados se trataran. Si hubiera prestado atención a las señales...
Me dejé distraer por la belleza del camino y no supe reconocer los vientos que aullaban a ambos lados del camino,.
Echando la vista atrás todo resulta más obvio.
Me han comentando que tras las montañas hay una tierra prometida, donde los pastos son verdes, los bosques frondosos y los ríos llevan agua transparente como el cristal.
Donde el sol brilla con más fuerza y por la noche refresca para que puedas dormir bien.
Sin embargo, soy de los que creen que sin tormentas las plantas no pueden crecer. El agua de la lluvia es necesaria para la vida, sin su agua se secarían y acabarían muriendo.
El agua limpia y purifica, elimina todo lo que no esté bien arraigado y prepara el suelo para nuevos brotes.
Así que lo siento, pero me quedo aquí. Esperaré a que amaine.
lunes, 18 de marzo de 2019
Tres
Qué sueño más raro había tenido.
Fui al baño, le puse pasta al cepillo de dientes y me lo metí en la... ¿eh? ¿Y mi boca?
Me miré al espejo, ¡no tenía cara!
Empecé a temblar mientras me tocaba la cara con angustia intentando sentir las aberturas propias de los seres humanos; ojos, boca, nariz... No notaba nada. ¡¿Qué estaba pasando?! - grité para mis adentros.
No podía salir así a la calle, necesitaba ayuda, alguien sabría que me pasa.
Cogí el teléfono, no sabía como pero podía hablar aunque no tuviera boca:
- ¿Ari? ¿Podrías pasarte por aquí antes de abrir tu consulta? Es urgente - le dije casi a gritos.
- Voy enseguida.
Pasaron veinte minutos hasta que llegó, Ari era la persona en a que más confiaba, un colega médico de los tiempos de la facultad; y aunque nuestros caminos se hubieron separado seguíamos en contacto y sabía que podía contar con él. Al fin y al cabo, siempre me había ayudado sin importar de qué se tratara.
Sonó el timbre, abrí la puerta y retrocedí sobresaltado.
- ¿ Ari? ¿ Qué te pasa en la cara? - Era exactamente igual que yo, donde debía estar su cara había una superficie completamente lisa, sin aberturas.
- ¿Estás enfermo? ¿Qué es una cara? - preguntó mirándome con extrañeza.
- ¡¿Cómo que qué es una cara?! - Esto no podía ser cierto.- Ya sabes, ojos, nariz, boca... - con cada palabra que pronunciaba el gesto de Ari se iba torciendo cada vez más hasta acabar mirándome como si estuviera loco.
- Creo que debes descansar un rato amigo mío, estás diciendo cosas muy extrañas, has tenido unos días muy duros en el trabajo lo sé, y la pérdida de Elisa ha acabado por afectarte demasiado.
- ¡Esto es lo que es extraño! Empezando por ese estúpido sueño. ¿Cómo podemos hablar si no tenemos boca?
- Mira, no te preocupes, voy a llamar a un amigo psiquiatra para que te examine, pero yo me tengo que ir que la consulta no se abre sola. No te muevas de aquí, vendrá enseguida.
- Claro... - dije mirándole impotente mientras veía como se marchaba - Hasta luego Ari.
- Hasta luego #127, asegúrate de descansar bien -se despidió cerrando la puerta tras de sí.
¿127? Así es como me había llamado aquella mujer, Cuatro, en ese estúpido sueño. ¿O no había sido un sueño?
viernes, 1 de febrero de 2019
¿Distancias?
Hace tiempo escribí en este mismo blog:
'aunque no se quiera, la distancia acaba haciendo el olvido'
Tan sólo para darme cuenta más de 6 años después cuan equivocado estaba.
En la era en la que vivimos, por suerte o por desgracia, la distancia ha desaparecido, al menos metafóricamente hablando.
La tecnología nos permite comunicarnos al instante con cualquier persona en cualquier lugar del mundo, verlas aunque no estén presentes, y un sinfín de ejemplos más.
Después de tantos años, la experiencia y los amigos me han enseñado que estaba viviendo un engaño:
Carlos, le conozco desde los 14 años, y aunque sólo le vea cada varios meses, sigue estando presente en mi vida y sigo pensando en él.
Ari, viaja por todo el mundo y aún así sigue teniendo tiempo para vernos una vez al año y ponerme al tanto de sus aventuras.
Carlitos,vivimos cerca y no nos vemos tanto como nos gustaría a ambos pero aún así los viajes en verano nunca fallan.
Sara, la persona por la que escribí Distancias y la primera persona por la que sentí lo que yo creo que era amor. No nos vemos desde hace años y hablamos cada mucho, pero no cada tanto aparece en mi mente.
Todas estas personas, y más que no puedo poner (no me olvido de vosotros) me han enseñado que, al final, la 'D' no es de distancia, la 'D' es de desinterés.
Gracias.
