Miré hacia la izquierda. Una mujer hablándome.
Miré hacia la derecha. Nada. Espera, ¿qué?
Volví a mirar hacia la izquierda y, si, efectivamente había una mujer hablándome, parecía alterada. Creo que debería escucharla.
- Williams, ¡Williams! ¿Me oyes?
¿Quién era? ¿Cómo sabía mi nombre? Parecía conocerme por como me trataba.
- ¡Williams! - Me gritó al borde de la desesperación.
Me estaba asustando, no quería ver a nadie, sólo quería ir a mi casa. Empecé a retroceder lentamente mientras balbuceaba algún tipo de excusa, tenía miedo.
- ¡Williams! ¿Es que no me reconoces?
- Lo siento, no sé quién eres- dije mientras seguía retrocediendo poco a poco
- No puede ser, he llegado demasiado tarde... - la mujer dejo de hacer aspavientos, dejo caer los brazos y me miró con expresión derrotada.
- ¿Demasiado tarde? ¿Para qué?
- Ven, te lo explicaré por el camino, cuando llegues lo entenderás todo.
Me cogió de la mano antes de que pudiera negarme y empezó a tirar de mí en dirección opuesta a donde yo creía que estaba mi casa.
Nunca había estado en esa parte de la ciudad.
- ¿A dónde me llevas?
- Espera un poco, quiero enseñarte una cosa.
Seguimos andando durante cinco minutos más hasta que llegamos a un reciento anteriormente muy lujoso pero que ahora parecía estar abandonado. Era el antiguo cementerio.
Atravesamos la puerta desvencijada y seguimos andando hasta llegar a una estatua situada en el centro del cementerio.
La estatua representaba a un hombre de mediana edad, lástima que sus rasgos hubieran sido borrados hace tiempo.
- ¿Por qué me has traído aquí?
A sus pies rezaba esculpido en piedra:
AQUÍ YACE ADAM SMITH, FUNDADOR DEL CENTRO WELLNESS, QUE EN PAZ DESCANSE. GRACIAS POR TODO.
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