martes, 3 de noviembre de 2015

Capítulo IV: Una noche movidita

Me disponía a regresar a casa totalmente abatido cuando vi aparecer una persona delante de mí.

- Bonita noche, ¿verdad? ¡Qué raro encontrarte consciente! ¡Disfrutando del paso?
- Hola señor Rogers, buenas noches. La verdad es que ya me iba - dije
Si no le importa... - continué haciendo un ademán de marcharme.
- Pero hombre, no tenga tanta prisa, ¡si acabo de llegar! - respondió poniéndome la mano en el hombro.

Miles de preguntas inundaban mi cabeza en ese momento, ¿qué hacía allí?, ¿de dónde había venido?
Sin embargo la sospecha de que él podía ser el asesino de mi familia hizo que me contuviera y me quedara callado.

- ¿Qué haces por aquí a estas horas intempestivas? - prosiguió el señor Rogers.
- Pues la verdad es que necesitaba despejarme y quería dejar a Jaqueline un poco de espacio, no quiero ser un estorbo.
- Ah, pero es que ya lo eres - respondió con una crudeza difícil de imaginar y una sonrisa en su cara, parecía que disfrutaba con ello - sin trabajo, ni familia, con una vida penosa y siempre con esa mirada triste en los ojos.

En ese momento, un murmullo recorrió toda la taberna: << Menudo malnacido>>

- ¡No! No se enfade, hombre, no era nada más que una pequeña broma entre amigos - añadió rápidamente al ver como mi cara se contraía en un gesto de ira - Quiero ayudarle, si se lo digo es porque quiero que salga adelante. Mira, ¿por qué no viene a mi casa y nos tomamos una copa junto al fuego?
- No estoy seguro de que sea una buena idea, la señorita Jaqueline podría preocuparse - dije con la imagen de esta tarde todavía en la cabeza.
- ¡Oh! No se preocupe por tontería como esa, cuando lleguemos mandaré a uno de mis criados a avisarle.
- Bueno... si es así... - dije buscando una excusa que me librara de ir a ese extraño lugar.
- ¡Decidido entonces! - dijo echando a andar sin darme tiempo de decir nada.

Después de 15 minutos de conversación insulsa sobre los antepasados del señor Rogers llegamos hasta aquella llamativa puerta que tanto me había exttrañado la primera vez que la vi.

- Pase, pase, no sea tímido - dijo el señor Rogers cruzando el umbral -  ¡Elizabeth! ¡Elizabeth! Estas criadas... nunca están cuando se las necesita.
¡Por fin! ¿Dónde estabas? Seguro que emborrachándote a mi costa.
- No señor, estaba en el jardín de atrás recogiendo la escalera que alguien había dejado tirada por ahí -  dijo con un deje tembloroso en la voz.
- No pierdas más el tiempo, ve a ver a la señorita Jaqueline y dígale que estamos aquí. ¡Rápido!
- Sí, señor - respondió marchándose en dirección a la casa.
- ¿Algo para beber? ¿Vino? ¿Coñac? pida lo que desee, tengo una bodega excelente.
- Vino, gracias - respondí preguntándome qué hacía allí.
- Supongo que se preguntará qué estás haciendo aquí - dijo leyéndome el pensamiento.
Bueno, la verdad es que esta tarde conseguiste despertar mi curiosidad, ¿tienes la nota aquí?
- Sí
- Muéstramela - dijo alargando el brazo - ¿Tienes idea de quién podría haberla escrito?
- No, señor Rogers, ni la más mínima idea - mentí decidido a no revelarle más información de la necesaria hasta que no conociera sus intenciones.
- Bien, lo he decidido,voy a ayudarle - dijo tras un momento de silencio.
- ¿De verdad? - respondí sorprendido.
- Sí, soy un hombre generoso y he decidido ayudarle con su pequeño misterio.
Averigüemos quien puede ser, pero hoy no, que es tarde, mañana empezaremos a investigar. No se preocupe por volver a casa, puede pasar aquí la noche, le diré a los criados que le preparen una habitación.
- Le agradezco la invitación señor Rogers pero creo que sería mejor que volviera...
- ¡Oh! Perdone que haya sonado como tal, no era una invitación, de hecho es su única opción - respondió sin perder la sonrisa un momento.
No querrá que la señorita Jaqueine se ponga triste si le ocurre algo en el camino de vuelta; por la noche ocurren muchos accidentes, ¿lo sabía?
Su habitación es la de la planta baja, al fondo del pasillo a la izquierda, Martin le guiará.

Mientras el criado me conducía a la habitación no podía parar de preguntarme qué había querido decir con eso, ¿era una amenaza? ¿O simplemente una advertencia?

- Es aquí señor - interrumpió la voz de Martin mis pensamientos.
- Gracias, puede retirarse.

Nada más entrar cerré la puerta y esperé a que se dejara de escuchar traqueteo para salir y poder explorar la casa. Tenía que descubrir quien era el señor Rogers y no iba a tener una mejor oportunidad.

En cuanto comprobé que no se oía un alma, abrí la puerta todo lo despacio que pude y me dispuse a salir de la habitación cuando oí una voz:

- ¿Necesita algo, señor?

¡Era Martin! ¿Cuánto tiempo llevaba ahí?

- No gracias, tan sólo voy al servicio.
- En ese caso permita que le acompañe señor, en esta casa es muy fácil perderse.
- Gracias pero creo que puedo orientarme solo.
- Lo siento señor, pero son ordenes del señor Rogers; no podemos dejarle solo, podría acabar en una situación desagradable.
- ¿Tantos secretos alberga esta casa?
- No nos está permitido responder a esa pregunta señor, es por su propio bien.

¡Maldición! Parecía que no iba a sacar nada en claro hablando con Martin y tampoco me iba a ser fácil explorar la casa si se quedaba vigilando toda la noche. Pero,
¡qué guardaba Rogers con tanto celo como para que no pudiera estar solo ni un momento? ¿Tendría relación con lo que había visto esta tarde? ¿O con el asesinato de mi familia'?

Mientras cerraba la puerta, ya de vuelta en mi habitación, vi como Martin se quedaba delante, dispuesto a pasar la noche vigilándome. Me iba a ser imposible salir por ahí.
Me acerqué a la ventana, para comprobar si estaba sellada con la idea de poder huir en caso de que fuera necesario cuando reparé en un papel enganchado entre el marco y la hoja.
Antes de salir eso no estaba ahí, estaba seguro; alguien debía de haberlo puesto mientras iba al servicio, ¿quién podía haberlo puesto?
Rápidamente abrí la ventana y cogí, lo que ya había identificado como una nota, la abrí y leí:

¡HUYE, ES PELIGROSO!

¿Era peligroso? ¿El qué? Quién podía haberlo escrito? ¿Era, tal vez, una broma del señor Rogers? Al fin y al cabo, una persona con una personalidad tan excéntrica como la suya era muy dada a ese tipo de bromas.

Sea como fuere, decidí no perder el tiempo y salir de ahí lo más rápido posible. No podía estar confinado más tiempo.
Abrí la ventana y salté, por suerte estaba en la planta baja. Nada más caer salí corriendo hacia la puerta que daba a la calle cuando empecé a escuchar ruidos dentro de la casa.
¿Ya se habían dado cuenta de la fuga? ¡Era imposible!

Me escondí entre unos arbustos y esperé a ver si salían a buscarme cuando empecé a oír gritos de alarma. Tan sólo distinguía una palabra:

¡Fuego! ¡Fuego! - Oí gritar a los criados.

Nada más escuchar la palabra de mis pesadillas, abandoné mi escondite y empecé a correr abandonando toda precaución; daba igual si alguien me veía, tenía que salir de ahí, necesitaba abandonar ese lugar cuanto antes.
Al cruzar la puerta oí una explosión y me di la vuelta justo para ver como una llamarada ascendía hasta el cielo y el fuego empezaba a devorar la casa, inundando la calle de luz.
De reojo vi como los criados empezaban a salir corriendo uno tras otro, tan sólo faltaban Martin y el señor Rogers. Debían seguir en la casa.

No podía creer lo que estaba pasando, otra vez no.
La pesadilla que me llevaba atormentando desde ese día se estaba haciendo realidad otra vez. Me quedé paralizado, parecía que la fuerza me había abandonado, la visión de las llamas había minado mi espíritu hasta tal punto que ignorando a los criados que pasaban a mi lado y abandonando cualquier aprecio por mi seguridad, me quedé allí contemplando las llamas hasta que se extinguieron.

Ni rastro de Martin y el señor Rogers...





Fin de la primera parte.

lunes, 26 de octubre de 2015

Interludio: La peor cerveza del lugar

¡PUM! ¡PUM! ¡PUM!

El sonido de un puño golpeando la puerta interrumpió la historia del viajero sobresaltando a todos los allí presentes.
Salí de la barra, me acerqué a la puerta y pregunté corriendo la rejilla: ¿Quién es?

- ¡Abra en nombre de la Reina si no quiere tener problemas!
- ¿En nombre de la Reina? ¿Y qué busca Su Majestad en mi humilde posada a estas horas de la noche?
- Eso a usted no le incumbe mesero. ¡Abra!
- Claro que me incumbe soldado, todo sea por ayudar a la Reina - respondí con calma mientras veía como el forastero, visiblemente preocupado, intentaba ocultarse en la oscuridad de una de las esquinas más alejadas de la puerta.
- Estamos buscando a un fugitivo ¡Ahora, abra si no quiere que echemos la puerta abajo y le pongamos bajo arresto por obstrucción a la autoridad!
- Está bien, está bien, no se sulfure soldado; ya abro. Aunque le aseguro que en esta posada no hay ningún fugitivo, aquí sólo aceptamos gente de bien - dije mientras le guiñaba un ojo a los comensales e indicaba a Neil que llevara al viajero, ahora fugitivo, por la trampilla que conducía al almacén de licores.
- Su palabra y su vida no valen nada mesero, tenlo en cuenta. Como nos haya mentido lo pagará muy caro- - dijo el que parecía el capitán mientras entraba acompañado de un grupo de soldados.
- Ponnos una cerveza - continuó mientras recorría con la mirada a todos los allí presentes.
- A sus órdenes mi señor - respondí mientras me agachaba a coger unos vasos, ocultando así mi sonrisa.
- Mmmh, parece que no está aquí - dijo mientras se llevaba el vaso a la boca.
¡PUAJ! - exclamó mientras lo escupía - ¿qué es esto posadero' ¡Sabe a orina de caballo!
- Lamento que no le guste mi cerveza capitán, es la única que tengo - contesté poniendo cara de no haber roto un plato en la vida, mientras todos los allí presentes rompían a carcajadas.
- ¡Nos vamos! - exclamó el capitán enfurecido - tenga cuidado posadero, la próxima vez me aseguraré de que cierren este lugar personalmente.
- Os olvidáis la cerveza - gritó John mientras salían provocando otra avalancha de carcajadas entre los allí presentes
- ¿Qué les has servido? - preguntó Josh - la mía está buena.
- Pues resulta que el capitán tenía un paladar exquisito - respondí sonriendo - Era orina, pero de gato. tengo un barril para tratar con indeseables como ese.
¡Neil! Ya podéis salir.

Cuando llegaron todo el mundo volvió a centrar su atención en el forastero, aún con más intriga si cabe.

-¿Por qué te buscaban"
-¿Acaso no es obvio? - respondió el forajido sacando la piedra del bolsillo por segunda vez esa noche - Por esto.
- ¿Pero qué es? Creo que nos merecemos respuestas - preguntó Josh, el más joven de allí.
- Quedaos hasta el final y lo sabréis.

Nada más leer la nota, me disponía a regresar a casa cuando...

lunes, 19 de octubre de 2015

Capítulo III: La sombra

A las 22:00 me levanté, cogí las notas y salí de casa. No podía soportar la espera, la impaciencia me corroía por dentro y no me dejaba pensar con calma.
Decidí llegar antes y explorar el lugar por si encontraba algo, alguna otra nota que me diera una pista sobre quien era la persona que las había escrito.
Como era de esperar no encontré nada, así que resolví quedarme a esperarle sentado en uno de los numerosos bancos que poblaban el parque.

Pasaban los minutos, la hora se acercaba y allí no había nadie, empezaba a pensar que me estaban gastando una broma. Me levanté dispuesto a dar una vuelta por si estaba al otro lado y no me había visto cuando oí un ruido: algo se movía allí a lo lejos, desde esa distancia sólo distinguía el contorno de la sombra de una persona, no lograba ver nada.

- ¡Eh! - le grité - ¡¿Eres tú el que me ha dejado las notas?!

En cuanto oyó los gritos, la sombra se giró y salió corriendo ocultándose en la oscuridad. No podía perderle.

¡Espera! ¡¿Quién eres?! - volví a gritar mientras salía corriendo detrás de ella - ¡No voy a hacerte nada! ¡Sólo quiero respuestas!
Tan sólo quiero respuestas... - sollocé cayendo de rodillas al ver que se había esfumado sin contarme nada. Otra vez vuelta a empezar...
Las manos no paraban de temblarme y las piernas no me respondían; me había quedado sin fuerzas. La tensión de los últimos días había sido demasiada

Tras unos minutos que dediqué a recuperar fuerzas me levanté y decidí volver al banco a pensar sobre lo sucedido y a tranquilizarme; no podía dejar que Jaqueline me viera así y se preocupara, no podía pagar su hospitalidad de esa manera.
Nada más volver y dejarme caer en el banco reparé en que había algo distinto, había menos luz. Miré hacia la farola para ver si se había fundido una de las bombillas y...
No podía creerme lo que estaba viendo, debía de ser parte de una broma cruel que alguien me estaba gastando, pero...  ¿de verdad existía alguien tan desalmado como para disfrutar jugando con los sentimientos de las personas de esta manera?
La farola no se había fundido... algo estaba cubriendo una de las bombillas obstaculizando el paso de la luz; algo parecido a una nota.
Abrí y cerré los ojos para asegurarme que no era mi mente la que me estaba jugando una mala pasada y desaparecía, pero no, seguía allí.

Cálmate - me repetí a mi mismo - puede ser cualquier cosa, no tiene porque ser una nota. Tal vez es una hoja de uno de los árboles que ha sido arrastrada por el viento y se ha quedado enganchada.

Intenté mentirme aun sabiendo que no serviría de nada, cuanto más lo miraba, más se parecía a las dos notas que tenía en el bolsillo de la chaqueta; y en el fondo de mi corazón, estaba seguro de ello.
Me quedé mirándola mientras un conflicto se desataba en mi interior; por un lado la necesidad de saber por qué mi familia había muerto luchaba con el miedo sobre que pondría en la misteriosa nota. ¿Y si habían muerto por mi culpa y no lo sabía?

No importaba, tenía que hacerlo, tenía que mirar que ponía por Max, por Dana y por Eloise. Tenía que hacerlo por los tres o me arrepentiría el resto de mi vida.

Me subí al banco, alargué el brazo y tras un momento de vacilación cogí la carta y la leí. Ponía:


TODO ES CULPA TUYA

lunes, 10 de agosto de 2015

Capítulo II: La puerta roja

Me quedé paralizado, ¡no podía creer lo que estaba leyendo! Si no fue un accidente, ¿quién podía haber hecho eso? ¡¿Por qué?! ¡Nos llevabamos bien con todo el mundo!

La nota se me cayó de las manos y empecé a notar como se me iba nublando la vista. Necesitaba calmarme o me volvería a desmayar.
Calma. Estás bien. Cálmate - me dije a mi mismo intentando que mi respiración volviera a su ritmo habitual
¿Quién podía haber escrito eso? ¿Alguno de los familiares de Jaqueline? No lo creo, había demasiada gente como para que pudiera haberlo hecho sin que se diera cuenta el resto.
Tuvo que ser cuando me desmayé, ¡el desconocido que me había traído! Seguro que ha sido él, tengo que ir a verle.
Lentamente me levanté de la cama y fui a por mis cosas; podía andar aunque todavía me encontraba algo mareado y me temblaban un poco las piernas.

- ¡¿Pero qué haces levantado?! - Oí exclamar a Jaqueline nada más cruzar la puerta de mi habitación - ¡Deberías guardar cama!
- Ya me encuentro mucho mejor, se lo agradezco señorita Jaqueline. Estaba pensando en ir a agradecerle al vecino que me recogiera, ¿por casualidad no sabrá usted donde vive?
- Claro que sí, es el señor Rogers, vive a dos calles de aquí, en el 21 de Rayn Street. Reconocerás la casa en seguida, es la de la puerta roja.
- Muchas gracias, iré a ver si le encuentro en casa. ¡Vuelvo en un momento!
- Le esperaré aquí, cenamos a las nueve, ¡recuérdelo! - me gritó mientras salía por la puerta y me alejaba cada vez más.

Una vez cerrada la puerta, me dirigí tan rápido como me permitía mi cuerpo a casa de ese tal señor Rogers. Iba a tener que explicarme muchas cosas...

¡Ding! ¡Dong!

-¿Si? - me contestó una voz femenina.
- ¿Se encuentra el señor Rogers en casa? Vengo a agradecerle que me encontrara el otro día.
- El señor ha salido un momento, volverá en seguida,  ¿quiere esperarle dentro?
- Sí, por favor.

Nada más cruzar la puerta roja de la que me había hablado Jaqueline me encontré con la escena más excéntrica que, aún hoy, he visto jamás. Lámparas de formas inimaginables, cabezas de animales ya extintos, disecadas y colgadas en las paredes, una única alfombra que se extendía por todas las habitaciones y que parecía no tener fin, y exactamente dos relojes por habitación.
En el momento en que estaba apunto de preguntarle por ello a la que parecía ser la criada de la casa, oï como se habrïa la puerta del patio y entraba alguien. Debía ser él.

- Buenas, ¿quién eres? ¿Qué haces en mi casa? ¿Le conozco? - preguntó sin dar muestras de reconocerme.
- Hola señor Rogers, soy la persona que ha rescatado usted esta mañana.
- ¡Ah! ¡Es verdad! Lo siento, al verle de pie y con conocimiento no le había reconocido. Discúlpeme - dijo soltando una risita como si se estuviera riendo de su propio chiste.

"Menudo imbécil - murmuró Neil, haciendo eco de los pensamientos de todos los presentes"

- Bueno, y ¿qué le trae a mis dominios?
- He venido a darle las gracias por recogerme, no mucha gente se hubiera parado al ver a alguien desmayado en la calle.
- Ah, ¿y nada más? Fue un placer. Adiós - dijo con un deje de aburrimiento en su voz, empujándome levemente hacia salida.
- Espere un momento señor Rogers, también quería preguntarle una cosa más.
- No compro nada, lo siento. Adiós - dijo esta vez con más severidad.
- No pretendo venderle nada señor, simplemente quiero saber si había alguien cerca de mí cuando me encontró.
- No, no había nadie. ¿Por qué lo pregunta?
- Porque al despertarme me he encontrado en el bolsillo de la chaqueta una nota que, puedo asegurar, no tenía al salir de casa; así que alguien me la ha tenido que colocar ahí mientras estaba inconsciente -  dije sacando la nota del bolsillo y enseñándosela.
- ¿Insinúa que la puse yo? Lo lamento mucho pero no he visto esta nota en mi vida señor. "No fue un accidente". ¿Qué accidente? ¿De qué habla?
- Eso quería averiguar yo, señor Rogers - respondí poco dispuesto a desvelar la información que tenía a una persona tan extraña como él.
- Bueno, le deseo mucha suerte en su empresa; ahora si me disculpa, tengo muchas cosas de las que ocuparme. Adiós - dijo dándome la espalda, dando a entender que la conversación se había terminado.

Salí de allí sin sacar nada en calro, y me disponía a volver a casa cuando me di cuenta que con las prisas Rogers se había quedado con la nota. Volví a entrar al patio y empecé a llamar a la puerta:
¡Señor Rogers! ¡Señor rogers! ¡Abra! ¡Se ha quedado la nota y rogaría que me la devolviera!
Nadie respondió. Debía de estar al otro lado de la casa

Me dispuse a echar un vistazo por las ventanas que daban al patio a ver si le veía a él o a su criada en alguna habitación cuando reparé en una escalera que debía servir para cuando venían a arreglar los farolillos que colgaban de los resquicios del segundo piso.
La apoyé en la pared y me encaramé pensando en que podía estar en el segundo piso y por eso no me habían oído.
Mi cara se congeló en una expresión mezcla de horror y asco al presenciar a través de la ventana a Rogers, la criada y ¡otro hombre! en medio del acto carnal.

"Exclamaciones, maldiciones y alguna santiguación recorrieron la taberna nada más escucharlo. Algunos parecía que lo estaban viendo en ese momento."

Tal fue mi impresión que casi me caigo de la escalera. Lentamente bajé las escaleras y me dirigí a la salida jurándome que nunca volvería a aquella casa.
Consternado, volví a casa de Jaqueline, me disponía a llamar al timbre aún dándole vueltas a lo que había visto, cuando reparé en un trozo de papel que asomaba por debajo de la puerta. Enganchado.
Tiré de el y me encontré con una nota exactamente igual que la anterior que decía:

NORTHLESS PARK - 23: 23

lunes, 3 de agosto de 2015

Capítulo I: Cenizas

A partir de aquel 3 de Octania todo cambió.
El feliz espejismo en el que vivía se deshizo dando paso a la dura realidad que había detrás.

Llegando a casa me encontraba, la lluvia arreciaba y no podía esperar el momento de sentarme junto a mi familia y hablar de como les había ido el día a cada uno de ellos.
Mi mujer Eloise y mis queridos hijos, Max y Dana; mellizos.
Sólo dos calles faltaban cuando me di cuenta que algo no andaba bien; con el corazón comprimido y una horrible sensación en el pecho, me di prisa y empecé a correr rezando a los dioses porque no hubiera pasado nada.

Desolación. Eso fue lo ünico que sentí al ver la cantidad de gente que había rodeando lo que debía haber sido mi casa, ahora pasto de las llamas.

"La exclamación ahogada de Neil y algunos de los presentes fue lo único que perturbó el silencio que se había formado en la sala. El viajero bebió otro trago."

-¡Dejadme pasar! ¡SOLTADME! ¡Mi familia está ahí dentro!
-Pero señor, no puede ir ahí morirá usted también - me respondió uno de los que me sujetaban. Ni siquiera recuerdo su cara...
-¡Me da igual! ¡Tengo que ir! ¡Me necesitan! - grité mientras soltaba codazos intentando liberarme de las personas que me sujetaban.

No pude hacer nada, simplemente pude observar como mi casa se consumía hasta no dejar nada salvo ruinas calcinadas del color del carbón. No hay día que no me invadan esas imágenes al cerrar los ojos. Si hubiera estado ahí, podría haberles salvado...

No hubo entierro, sus cuerpos se habían convertido en cenizas, impidiendo que pudiera honrar sus muertes; hasta de eso me privó el destino. Nadie supo como se había ocasionado, podía haber sido cualquier cosa; en esa época los incendios eran muy frecuentes debido al viento que arreciaba por aquella zona; la probabilidad de que tirara una vela o una lámpara mal sujeta era muy grande. Tuvimos suerte de que no se propagara a más casas dijeron.
¿Suerte? ¿Qué sabrán ellos de la suerte? El único que lo había perdido todo era yo; ya no me quedaba nada; ni familia, ni hogar... nada.

Desde ese momento me dediqué a deambular por las calles sin nada que hacer, como un alma sin vida, sobreviviendo gracias a los cuidados de una amiga de la familia, la adorable Jaqueline; de no ser por ella habría muerto, me había abandonado a mi mismo.
Así pasaron los meses hasta que llego Enario, época de felicidad y celebración donde la gente se reúne con su familia frente al calor del hogar e intercambian regalos; sin embargo, yo ya no tenía a nadie con quien compartir y la familia de Jaqueline me recordaba a la que yo había perdido... Era demasiado doloroso, así que,decline su invitación y empecé a vagar por las calles sin rumbo fijo. Todo me recordaba a ellos, el parque donde conocí a Eloise, la tienda a la que siempre íbamos a comprar dulces para Max y Dana, el columpio donde Max se hizo una herida...
No podía soportarlo así que cerré los ojos para no ver nada y salí corriendo sin mirar por donde iba hasta que tropecé con una piedra y caí al suelo. Al abrirlos me encontré con la desoladora imagen de mi casa derruida. No podía creerlo; inmediatamente noté como los ojos se me inundaban y toda la tristeza acumulada hasta ese día estallaba en un torrente de lágrimas que caían en silencio. La desesperación me inundó mientras recordaba lo impotente que me sentí ese día; la casa en llamas, la gente sin rostro agarrándome, los susurros de la multitud...

Lo siguiente que recuerdo fue encontrarme en la habitación de Jaqueline con toda su familia mirándome, al parecer me había desmayado y un viandante me había reconocido y me había traído hasta aquí. Mi cerebro no había podido con toda esa presión.
Pasaron las horas y la gente se empezó a ir, regresando a sus hogares a  realizar sus quehaceres diarios; la única que se quedó fue Jaqueline:

- ¿No deberías irte tú también?
- Antes quiero asegurarme de que estás bien y no te vas a volver a desmayar.
- Estoy bien, no te preocupes. Gracias por todo lo que has hecho por mí.
- No seas tonto, en el templo nos enseñan que hay que ayudar a los necesitados, y en este momento no conozco a nadie que necesite más ayuda que tú.
   Por cierto, te he dejado la nota en la mesilla; que al subirte a la cama se ha caído al suelo.
- ¿Qué nota? - pregunté extrañado
- La que tenías en el bolsillo de la chaqueta - me respondió mientras cerraba la puerta y se alejaba por el pasillo -  Duerme. Necesitas descansar.

Yo no tenía ninguna nota en el bolsillo cuando salí de casa, me habría dado cuenta; alguien tuvo que ponerla ahí mientras estaba inconsciente. Con toda la rapidez que me permitía mi estado, me acerquë a la mesilla y cogí la nota; tan sólo había 4 palabras escritas.

NO FUE UN ACCIDENTE




N. del A: El texto en cursiva corresponde a lo que ocurre dentro de la taberna. No está relacionado con la historia.

martes, 28 de julio de 2015

Preludio

Barba de 3 días, hombros caídos y la mirada de aquel que ha dejado de ser hombre convirtiéndose en la sombra de un pasado ya remoto..
Así entró el, hasta ahora, visitante más extraño que ha pisado el suelo de mi bar.
Muy buenas, pasen y siéntense, soy Khal el dueño y único camarero de "La posada del viajero" ese lugar al que la gente acude a ahogar sus penas y contar sus pesares las sombrías noches que acontecen en Flament Street.

-Wiskhy con soda - pidió nada más entrar, antes siquiera de sentarse. Acto seguido se quitó la raída chaqueta, se acercó a la gramola y dejó que la desoladora melodía de Gloomy Sunday nos inundara los oídos.

-Otro - dijo después de beberse el primero de un trago y dejando caer el vaso con la desgana de aquel que lo ha perdido todo y busca sumergirse en la bebida en busca de... nada.
-Enseguida - respondí mientras le llenaba su segundo, y no último vaso  de la noche - ¿Se puede saber que le ha traído hasta mi humilde taberna caballero? La gente suele contar su historia para así aliviar la carga que les ha traído hasta aquí; y los parroquianos y yo estaríamos encantados de escuchar la suya. Si le place, por supuesto.
-Una leyenda cuenta que aquel que relata sus desgracias en esta posada, al salir, se convierte en una persona distinta y no vuelve jamás por aquí - comentó el viejo John, uno de los feligreses más antiguos.
-Si es así, ¿qué hacéis todos aquí? - le respondió el viajero de mala manera - sólo he venido aquí porque he visto las luces encendidas. Nada más.
-Por algo es una leyenda muchacho. Además, para que se cumpliera tendríamos que salir de aquí - dijo John entre risas, ganándose las carcajadas de las personas restantes.
-Métase en sus asuntos viejo, no estoy para estupideces.- comentó antes de acabarse lo que le quedaba en el vaso - Otro.
 Mi carga no es de esas que se alivian con un rato de charla estúpida. Si fuera así no estaría aquí.
-Por probar no pierde nada; aquí estamos acostumbrados a todo tipo de historias: asesinatos por herencias, robo de joyas y virginidades... hemos oído de todo. ¿A usted qué le ha llevado a su c.. bueno, a estar aquí - intervine.- Y no se preocupe, ninguno de los que estamos aquí vamos a juzgarle, no estamos en condición para ello. A fin de cuentas, si estamos aquí es porque en nuestro pasado hay algo... extraño.
-No es vuestra opinión lo que me preocupa, sino las consecuencias de poseer algo que no os corresponde - respondió con voz ronca mientras se señalaba con un gesto más que obvio la cicatriz que atravesaba su mejilla izquierda.
-¿El qué? Ninguno de los que estamos aquí poseemos nada salvo lo justo para poder pasar aquí la noche - comentó Neil, uno de los clientes más asiduos.
-¿Sabéis qué es esto? - preguntó sacándose lo que parecía una piedra del bolsillo de la chaqueta.
-¡Pásala por aquí, Neil! - gritó John al ver al joven acercarse, sin darse cuenta de que se había quedado paralizado y su cara se había contraído en un gesto de terror.
  ¿Neil? ¿Estás bien muchacho? ¡Creo que le ha sentado mal la cerveza! ¡Ja, ja, ja!
-¡No puede ser! ¿¡Cómo tienes tú eso!? ¡Sácalo de aquí ya! ¡Nos matarás a todos! - gritó Neil yéndose a la otra punta del bar, queriendo estar lo más alejado posible de aquella extraña piedra.
-¿Pero que diantres te ocurre Neil? - preguntó John acercándose a ver que era lo que había asustado de aquella manera al intrépido Neil.

Su reacción fue la misma:


-¡Échale Khal! ¡Échale! ¡Eso no debería estar aquí!

-Ya conoces las normas John, no ha hecho nada malo. Puede quedarse.
-¡Nos traerá la desgracia a todos! ¡Vamos a morir!
-Os lo dije -  comentó el viajero sin inmutarse, bebiéndose el que sería su, ya, cuarto vaso de la noche.
-¿Qué es? - preguntó el más joven de los allí presentes - a mi me parece una piedra normal y corriente - comentó dándole vueltas entre sus manos.
-¿El señor nos contará su historia? - pregunté mientras acababa de colocar los vasos recién lavados en el estante - después de este revuelo que ha armado yo creo que nos lo debe.


-Todo comenzó hace tres años...

domingo, 12 de julio de 2015

Dos almas

Me interesas. Me interesas tú y las personas que te rodean. Me interesa lo que haces y por qué lo haces. Me interesa saber de ti, de tus costumbres, de tus ideologías y de tus aficiones.
Me interesan tus virtudes pero también tus defectos, tus logros y tus fracasos, tu cordura y tu locura...
Más que tú como hombre o mujer, me interesas tú como persona, como ser humano que piensa, siente y sueña; que ríe y llora; que salta, corre, sufre y se emociona.
Me interesas en tus momentos buenos, pero también en los malos; me interesa verte en lo más alto, tocando las nubes; pero también en lo mäs bajo, mordiendo el polvo.

Sólo así sabré como eres, podré conocerte, aceptarte, criticarte e incluso juzgarte. Pero no te asustes, porque aunque haga todo eso puedo asegurarte una cosa: siempre estaré ahí. No te abandonaré, no te echaré a un lado; estaré ahí en todos y cada uno de los momentos de tu vida; estaré conociéndote a la vez que tú, me conoces a mí.

Te quiero; te quiero cerca,, pegada a mí; pero también lejos, en la otra punta del mundo. Quiero ver como me necesitas y a la vez eres independiente; como eres capaz de sonreír sin mí y llorar a mi lado; de odiarme pero también de amarme.
No te preocupes, yo haré lo mismo: te odiaré, te amaré, algunas veces creeré que eres única, otras tan sólo una más, a veces sentiré que eres especial, sin embargo, otras parecerás del montón.

Sé que no es el sueño idílico que todos prometen, pero esto es lo que ocurre...
Esto es lo que ocurre cuando mar y montaña se unen, cuando cielo y tierra se vuelven uno solo y el Sol danza con la Luna aun sabiendo que su amor es la Tierra.

Cuando la fusión de dos almas ocurre...

martes, 7 de julio de 2015

¡Muévete!

En este mundo hay muchas ideas pero pocas aplicaciones; muchos soñadores pero pocos emprendedores, ¿verdad?

Si quieres algo, deja ya de decir "quiero", "deseo", "me gustaría", y empieza a decir "voy a..."
Deja ya de quejarte por las cosas que te ocurren y empieza a hacer que las cosas cambien, las palabras se las lleva el viento; son los hechos, las acciones las que perduran. No vas a conseguir nada mirando por la ventana y deseando tener una casa mejor, un coche mejor, una vida mejor... Hay que levantarse, mover ese culo apoltronado en el sofá, ponerse los pantalones de currante y empezar a manejar las riendas de una vida productiva, no sólo en el plano económico si no, en cualquiera de los ámbitos que componen nuestra existencia.
El problema es que la mayoría de la gente se queda en el deseo; soñar es gratis, pero realizar ese sueño no; conlleva esfuerzo, sudor, sangre y alguna que otra lágrima; sin embargo, la satisfacción por haberlo logrado compensa de sobra todo ese esfuerzo.
La gente se queja en demasía simplemente porque no tienen los cojones necesarios de hacer las cosas por si mismos, siempre están esperando que otro cualquiera haga su trabajo y les solucione aquello que han jodido con su vaguería y su desgana.
Que si el gobierno tal, que si el vecino cual, "no, pero es que él...", él, él, él... Siempre es "él", nunca es "yo deberïa", "yo podría haber hecho..."; se tiene la costumbre de mirar mucho la paja en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro.

De vez en cuando viene bien un cambio de marco, un cambio de enfoque que nos haga ver las cosas de otra manera; menos poner la cámara trasera del móvil para fotografiar lo que ocurre en el exterior, y más activar la cámara interna para grabar lo que ocurre en el interior. A la gente le falta eso, AUTOFOCALIZACIÖN.

De auto, "propio" y focalizar: "centrar, dirigir".
Por el amor de Dios, parad de culpar a los demás de vuestros propios fallos, y empezad a ver lo que podéis hacer para cambiar vuestra situación, es más difícil pero al menos así no tendremos que oíros. Aunque tal y como sois seguro que os empezáis a quejar de todo el esfuerzo que conlleva, de que estáis agotados, de que no veis cambios. De verdad que sois pesados, pero mucho; de verdad, como consejo, hacéroslo mirar porque empieza a ser preocupante.
Mirando las noticias de la tele con una cerveza en la mano comentando el asco que da la sociedad mientras os rascáis vuestro grasiento culo peludo y no os movéis siquiera para ir al baño. Estoy seguro de que si fuera por vosotros no saldríais de la cama en todo el día si no fuera porque tenéis que comer algo, y de vez en cuando trabajar para ganar dinero y seguir quejándoos porque ¡madre mía!,  tiene que ser difícil ser tan cenutrio como para no ver que es lo que se hace mal y que es lo que hay que cambiar.

Eh, pero que conste que con todo esto no me estoy metiendo con vosotros, no os confundáis (otra vez); simplemente he visto que otros métodos más blandos no funcionan así que he decidido ser un poco más... como podría llamarlo... ¿directo? Sí, yo creo que queda bien, formal; un poco más directo.

Ah, y por favor, no me vengáis luego con que autofocalizarse os raya la cabeza y cosas así que decís ahora que se ha puesto de moda; eso es una soberana estupidez, si no os conocéis a vosotros mismo, ¿cómo esperáis conocer a los demos? Por favor... idioteces como esas aquí no, que este es un blog serio.

Gracias.

sábado, 13 de junio de 2015

Una conversación informal

- ¿A quién le escribes? - Me preguntó con una mirada de preocupación en sus ojos grises.

-   A nadie en especial la verdad, simplemente escribo - respondí con los ojos clavados en el horizonte azul que se avistaba por la ventana.

-   Pues llevas mucho tiempo escribiéndole a ese "nadie en especial", ¿no será que te has confundido y no es "nadie" si no "alguien en especial"? No te engañes a ti mismo, hazte ese favor.

-   Puede ser... respondí evitando mirar el cuaderno en el que había escrito todo aquello que no quería confesarme a mi mismo.

- ¿Los sentimientos pueden ser aterradores sabes? Te inundan, te ahogan, te llenan y te embriagan haciendo que no puedas pensar en otra cosa que no sea aquello relacionado con la emoción que te recorre todo el cuerpo; desde las dedos de los pies hasta la cabeza, pasando por el corazón.
Sin embargo, los sentimientos hacen mucho más, los sentimientos te hacen cometer estupideces, te alejan de las personas pero también te las acercan, te vacían y a su vez te completan; los sentimientos lo son todo, por eso no deberíamos huir de ellos aunque a veces den miedo, aunque a veces nos asusten tanto como para negarlos incluso a nosotros mismos, haciendo daño a todos aquellos que nos rodean y sometiéndonos a una presión que no muchos son capaces de soportar por un largo tiempo.
Deberíamos aceptarlos tal y como vienen, tal y como son; pues son un arma de doble filo, así como nos hacen más fuertes, nos pueden herir, y eso es lo que la gente teme. El dolor.
Nos pasamos la vida huyendo del dolor como si fuera algo malo, como si fuera algo definitivo y condenatorio... Dolor a la pérdida, dolor al reencuentro, dolor a la nostalgia, estamos rodeados de dolor sin darnos cuenta que es una herramienta, no un castigo, que por mucho dolor que suframos, sólo hay que darse la vuelta, mirar atrás un momento y comprobar que hemos sufrido mucho pero siempre nos hemos levantado, siempre hemos seguido avanzando y por eso hemos llegado hasta aquí.
Ira, dolor, sufrimiento, desesperación, desesperanza... hay muchos sentimientos malos, pero por cada uno de ellos hay uno bueno; alegría, amor, felicidad, esperanza, regocijo... Son demasiadas las veces que vemos el vaso medio vacío cuando podríamos simplemente, bebernos el agua que queda e ir a rellenarlo otra vez, son demasiadas las veces que he visto a gente llorando cuando podría estar riendo, y demasiadas las veces que he mirado por la ventana evitando mirar lo que tenia delante. Demasiadas veces me he arrepentido por todo eso, y demasiadas veces lo volveré a hacer, lo sé; pero tú... tú todavía eres joven, no deberías preocuparte por aquello que has perdido cuando en realidad todavía tienes mucho tiempo para hacer lo que quieras. Para hacerlo con quien quieras...

    Porque se trata de ella ¿verdad?, siempre ha sido ella, desde que la conociste no has parado de hablar de ella, una y otra vez, sin descanso. Së más cosas de ella que de ti, y sin embargo nunca has dado el paso, nunca te has acercado y se lo has dicho, ¿por qué? No me digas que tú, de entre todas las personas, tienes miedo, no puedes decir que ella te asusta. Es imposible que a ti....

- ¿Por qué no haces el favor de callarte de una vez? grité exasperado sin fijarme en el relámpago de dolor que cruzó sus ojos durante una fracción de segundo - Ella no tiene nada que ver, me da igual lo que haga.

- ¿Por qué sigues mintiéndote a ti mismo? ¿No ves que es inútil? No vas a poder huir de ella refugiándote en un cuaderno, no esta vez; sal y afróntalo como un hombre, no temas dar el paso y tropezar; aun si lo haces, caerás en sus brazos, y eso no serïa tan malo, ?verdad? Sólo tienes que ser valiente durante un segundo, y lo habrás conseguido. Tú puedes...

 -  Tonterías - dije rompiendo las hojas del cuaderno y tirándolas a la basura.- no tienes ni idea de lo que hablas, no estaba pensando en ella, deja de decir estupideces - añadí mientras salía huyendo de la habitación, huyendo. Como siempre...


En una de esas hojas aún se podía leer "Ella...pero no yo"




Continuará....

viernes, 5 de junio de 2015

Ahora

Buscando la inspiración perdí a mis musas, se fueron sin mirar atrás dejándome solo en un mar de estrellas anteriormente tan brillantes, ahora apagadas.
Ni siquiera un triste adiós recibí, una nota de despedida en la puerta de mi mente que me avisara de lo que me depararía el futuro, ahora presente.
Tan desamparado en esta oscuridad agónica que me ahoga y me ahoga sin dejar que el oxígeno llegue al cerebro para prender esa llama llamada idea, ahora vacío.
No sé si te ha pasado alguna vez, o tal vez si lo sé; la verdad es que da igual, no hay nada peor que un artista sin un cuadro que pintar, ahora un relato que escribir.
La gota que colmó el vaso, hizo que viera la botella medio vacía y desparramara las oportunidades convirtiendo la abundancia en escasez, ahora "nada".

El hielo quema y el fuego no calienta, la soledad llena más que la compañía de la mayoría y a veces, uno sólo es multitud.
La riqueza se convierte en pobreza cuando falta espíritu; y las ganas en interés cuando no hay altruismo; la buena voluntad parece cosa del pasado y en estos momentos la gente sólo piensa en si misma.
Las vacas flacas tendrían que servir de aviso, la cooperación fomenta el trabajo que a su vez genera beneficios y engorda a animales y humanos por igual. Sin embargo en las calles sólo se ven miradas tristes, desganadas, todos resentidos con nadie y la gente en busca excusas para meterse en peleas con tal de olvidar su vida.

Cuan triste es la época en la que vivimos, odio, mentiras, manipulación, corrupción y miedo es lo que nos gobierna estos días; y no me refiero a partidos políticos, no me interesan; simplemente creo que si levantáramos la cabeza seríamos capaces de dejar de tropezar con la misma piedra una y otra vez y conseguir avanzar. El camino recto no es siempre el más corto o seguro; hay que saber desviarse y saber tomar atajos que al final te llevarán a zona segura. A casa.

Aunque ¿para qué está la zona de confort si no es para salir de ella? Arriesguémonos con cabeza, no como aquel que salta al vacío pensando que lo salvarán; arriesguémonos con arrojo y valentía pero con prudencia, sabiendo que no es oro todo lo que reluce y que la vida de un tono gris es más realista que de color de rosa. Al fin y al cabo, ¿a quién le gusta el rosa? Demasiado chillón y con demsiadadas variantes para mi gusto. Donde esté el negro...
Ay, el negro; paz, tranquilidad, no se me ocurre mejor color... simboliza la noche por supuesto, donde muchos duermen, descansan y sueñan y otros sufren pesadillas y roban, pues la vida es como una moneda de dos caras. Pero como sólo apuesto sobre seguro, simplemente diré que caerá de canto.
El destino, si crees en él claro, ha lanzado la moneda de tu vida y tú deberías decidir de que lado caerá. ¿O dejarás que el caballo desbocado siga corriendo de manera alocada sin tomar las riendas? Hay que ser valiente en estos tiempos y hacer cosas inesperadas si se quiere triunfar, a fin de cuentas, esta entrada iba sobre la falta de inspiración, ahora espiración; puesto que, si uno inspira en algún momento espirará ¿no? ¿O tal vez sea expirará?
Ahora ya no lo sé, pueden ser tantas cosas..." Como todo en esta vida" como diría una amiga mía.
Argh, como odio esa frase, nada es como todo, si fuera todo como todo, todo sería igual ¿entendéis?

Las cosas son como son, y cada una tiene un significado único que es lo que le da sentido, al igual que vosotros: recordad, cada uno decide que hacer, puesto que cada uno es único, no seáis la copia de una copia de una copia ahora que habéis tenido la oportunidad de nacer originales anda.

Gracias.

viernes, 3 de abril de 2015

Un poco de todo... o de nada.

Es curioso, ¿verdad? como las ideas van y vienen. Un día puedes tener la cabeza llena de ideas y al siguiente estar completamente en blanco sin el más mínimo indicio de creatividad en tu mente. O las apuntas, o se van, desaparecen; a veces vuelven otras no. No sé. Ya he perdido la cuenta de la cantidad de textos que he dejado de escribir, la cantidad de ideas que he desechado por tener que hacer otra cosa, principalmente dormir. Porque sí, las ideas siempre vienen en ese remanso de paz en el que te sumerges cuando entras en la cama, en ese especie de duermevela donde la creatividad parece fluir mejor.
Últimamente, los últimos meses, parece como que tengo la cabeza embotada ¿no creéis? No escribo nada, solamente tengo apuntados unos borradores que no son lo suficientemente buenos como para mostrar al público, ni siquiera están acabadas. Pff... patético diría yo, un escritor, bueno; si se me puede considerar así, sin ideas, sin nada que contar durante meses, sin la más mínima idea.

Y aquí estoy, borrando y re-escribiendo párrafos y párrafos hasta que quede algo decente. Sois un público exigente y tengo que dar la talla. Seguro que no me perdonáis ni el fallo más tonto ¿cierto? Tengo que asombraros, que deleitaros con mis dotes para este arte llamado literatura, pero buff, a veces lo ponéis muy complicado; aunque los que me conocéis sabéis que eso de rendirme no va conmigo. Así que venga, manos a la obra, lo he decidido, todavía no he caído lo suficientemente bajo como para caer en el burdo truco que todo escritor utiliza cuando está falto de ideas: escribir sobre que no tiene nada que escribir.
Así que aprovecharé mi asombrosa locuacidad y labia para entreteneros y que vengáis a pedir aunque sea, una entrada más en éste mi Rincón. Que digo: nuestro Rincón.

Antes que nada, supongo que tengo que decidir sobre que tema hablar ¿no?, porque, aunque sea nuestro, el currante aquí soy yo, así que pensemos:

Puedo hablaros de....
...
...
...

Puedo hablaros de los electrones, de los átomos, puedo hablaros de células, de tejidos, de órganos; de organismos. Puedo hablaros de animales, plantas y personas, de sentimientos y emociones, de arte y de ciencia; puedo hablaros de grupos, de amigos, de colegas; de conocidos y de enemigos. Puedo hablaros de conflictos, de guerras, de la paz mundial y del hambre que asola África. Puedo hablaros sobre los misterios del universo y sobre la mente humana, aún más vasta que aquel. Puedo hablaros sobre el todo que conformamos o la nada en la que nos consumimos. Ideas, pensamientos, creatividad, innovación, aire, agua, dolor, miedo, alegría y tristeza. Puedo hablaros de cualquier tema que propongáis, y si no lo conozco, formarme mi propia opinión en cuestión de minutos y defenderla a capa y espada. Puedo hacer eso y mucho más, pero aquí; aquí hemos venido a hablar ¿no?
A hablar y a escuchar; o más bien, a escribir y leer.

Sé lo que estaréis pensando ahora mismo,; si es que podéis hacerlo después de quedaros anonadados ante mi asombrosa capacidad de argumentación para hablar de temas tan dispares como los mencionados anteriormente. Estaréis pensando: bien, bien, Andrés, todo esto está muy bien pero... ¿qué nos quieres decir con todo esto? ¿Cuál es el mensaje oculto?

Mmmmh, supongo que os lo habéis ganado después de aguantar hasta aquí. Os desvelaré el secreto tras este texto. Redoble de tambores por favor, con que lo hagáis para vosotros es suficiente; por aquello de darle emoción al asunto y tal, como en las obras de teatro vamos.

El secreto es.....
Que no hay mensaje. Tan fácil como eso.

Lo sé, lo sé, algunos estaréis decepcionados, otros ya os lo esperaríais (listillos) y otros aún seguiréis anonadados por la obra de arte de hace dos párrafos. Bueno, como ahora está muy de moda dejar los finales abiertos ya sea en libros o películas, dejaré que decidáis vosotros qué quiero decir con todo esto.

¡Hasta el próximo post!