¡PUM! ¡PUM! ¡PUM!
El sonido de un puño golpeando la puerta interrumpió la historia del viajero sobresaltando a todos los allí presentes.
Salí de la barra, me acerqué a la puerta y pregunté corriendo la rejilla: ¿Quién es?
- ¡Abra en nombre de la Reina si no quiere tener problemas!
- ¿En nombre de la Reina? ¿Y qué busca Su Majestad en mi humilde posada a estas horas de la noche?
- Eso a usted no le incumbe mesero. ¡Abra!
- Claro que me incumbe soldado, todo sea por ayudar a la Reina - respondí con calma mientras veía como el forastero, visiblemente preocupado, intentaba ocultarse en la oscuridad de una de las esquinas más alejadas de la puerta.
- Estamos buscando a un fugitivo ¡Ahora, abra si no quiere que echemos la puerta abajo y le pongamos bajo arresto por obstrucción a la autoridad!
- Está bien, está bien, no se sulfure soldado; ya abro. Aunque le aseguro que en esta posada no hay ningún fugitivo, aquí sólo aceptamos gente de bien - dije mientras le guiñaba un ojo a los comensales e indicaba a Neil que llevara al viajero, ahora fugitivo, por la trampilla que conducía al almacén de licores.
- Su palabra y su vida no valen nada mesero, tenlo en cuenta. Como nos haya mentido lo pagará muy caro- - dijo el que parecía el capitán mientras entraba acompañado de un grupo de soldados.
- Ponnos una cerveza - continuó mientras recorría con la mirada a todos los allí presentes.
- A sus órdenes mi señor - respondí mientras me agachaba a coger unos vasos, ocultando así mi sonrisa.
- Mmmh, parece que no está aquí - dijo mientras se llevaba el vaso a la boca.
¡PUAJ! - exclamó mientras lo escupía - ¿qué es esto posadero' ¡Sabe a orina de caballo!
- Lamento que no le guste mi cerveza capitán, es la única que tengo - contesté poniendo cara de no haber roto un plato en la vida, mientras todos los allí presentes rompían a carcajadas.
- ¡Nos vamos! - exclamó el capitán enfurecido - tenga cuidado posadero, la próxima vez me aseguraré de que cierren este lugar personalmente.
- Os olvidáis la cerveza - gritó John mientras salían provocando otra avalancha de carcajadas entre los allí presentes
- ¿Qué les has servido? - preguntó Josh - la mía está buena.
- Pues resulta que el capitán tenía un paladar exquisito - respondí sonriendo - Era orina, pero de gato. tengo un barril para tratar con indeseables como ese.
¡Neil! Ya podéis salir.
Cuando llegaron todo el mundo volvió a centrar su atención en el forastero, aún con más intriga si cabe.
-¿Por qué te buscaban"
-¿Acaso no es obvio? - respondió el forajido sacando la piedra del bolsillo por segunda vez esa noche - Por esto.
- ¿Pero qué es? Creo que nos merecemos respuestas - preguntó Josh, el más joven de allí.
- Quedaos hasta el final y lo sabréis.
Nada más leer la nota, me disponía a regresar a casa cuando...
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