La nota se me cayó de las manos y empecé a notar como se me iba nublando la vista. Necesitaba calmarme o me volvería a desmayar.
Calma. Estás bien. Cálmate - me dije a mi mismo intentando que mi respiración volviera a su ritmo habitual
¿Quién podía haber escrito eso? ¿Alguno de los familiares de Jaqueline? No lo creo, había demasiada gente como para que pudiera haberlo hecho sin que se diera cuenta el resto.
Tuvo que ser cuando me desmayé, ¡el desconocido que me había traído! Seguro que ha sido él, tengo que ir a verle.
Lentamente me levanté de la cama y fui a por mis cosas; podía andar aunque todavía me encontraba algo mareado y me temblaban un poco las piernas.
- ¡¿Pero qué haces levantado?! - Oí exclamar a Jaqueline nada más cruzar la puerta de mi habitación - ¡Deberías guardar cama!
- Ya me encuentro mucho mejor, se lo agradezco señorita Jaqueline. Estaba pensando en ir a agradecerle al vecino que me recogiera, ¿por casualidad no sabrá usted donde vive?
- Claro que sí, es el señor Rogers, vive a dos calles de aquí, en el 21 de Rayn Street. Reconocerás la casa en seguida, es la de la puerta roja.
- Muchas gracias, iré a ver si le encuentro en casa. ¡Vuelvo en un momento!
- Le esperaré aquí, cenamos a las nueve, ¡recuérdelo! - me gritó mientras salía por la puerta y me alejaba cada vez más.
Una vez cerrada la puerta, me dirigí tan rápido como me permitía mi cuerpo a casa de ese tal señor Rogers. Iba a tener que explicarme muchas cosas...
¡Ding! ¡Dong!
-¿Si? - me contestó una voz femenina.
- ¿Se encuentra el señor Rogers en casa? Vengo a agradecerle que me encontrara el otro día.
- El señor ha salido un momento, volverá en seguida, ¿quiere esperarle dentro?
- Sí, por favor.
Nada más cruzar la puerta roja de la que me había hablado Jaqueline me encontré con la escena más excéntrica que, aún hoy, he visto jamás. Lámparas de formas inimaginables, cabezas de animales ya extintos, disecadas y colgadas en las paredes, una única alfombra que se extendía por todas las habitaciones y que parecía no tener fin, y exactamente dos relojes por habitación.
En el momento en que estaba apunto de preguntarle por ello a la que parecía ser la criada de la casa, oï como se habrïa la puerta del patio y entraba alguien. Debía ser él.
- Buenas, ¿quién eres? ¿Qué haces en mi casa? ¿Le conozco? - preguntó sin dar muestras de reconocerme.
- Hola señor Rogers, soy la persona que ha rescatado usted esta mañana.
- ¡Ah! ¡Es verdad! Lo siento, al verle de pie y con conocimiento no le había reconocido. Discúlpeme - dijo soltando una risita como si se estuviera riendo de su propio chiste.
"Menudo imbécil - murmuró Neil, haciendo eco de los pensamientos de todos los presentes"
- Bueno, y ¿qué le trae a mis dominios?
- He venido a darle las gracias por recogerme, no mucha gente se hubiera parado al ver a alguien desmayado en la calle.
- Ah, ¿y nada más? Fue un placer. Adiós - dijo con un deje de aburrimiento en su voz, empujándome levemente hacia salida.
- Espere un momento señor Rogers, también quería preguntarle una cosa más.
- No compro nada, lo siento. Adiós - dijo esta vez con más severidad.
- No pretendo venderle nada señor, simplemente quiero saber si había alguien cerca de mí cuando me encontró.
- No, no había nadie. ¿Por qué lo pregunta?
- Porque al despertarme me he encontrado en el bolsillo de la chaqueta una nota que, puedo asegurar, no tenía al salir de casa; así que alguien me la ha tenido que colocar ahí mientras estaba inconsciente - dije sacando la nota del bolsillo y enseñándosela.
- ¿Insinúa que la puse yo? Lo lamento mucho pero no he visto esta nota en mi vida señor. "No fue un accidente". ¿Qué accidente? ¿De qué habla?
- Eso quería averiguar yo, señor Rogers - respondí poco dispuesto a desvelar la información que tenía a una persona tan extraña como él.
- Bueno, le deseo mucha suerte en su empresa; ahora si me disculpa, tengo muchas cosas de las que ocuparme. Adiós - dijo dándome la espalda, dando a entender que la conversación se había terminado.
Salí de allí sin sacar nada en calro, y me disponía a volver a casa cuando me di cuenta que con las prisas Rogers se había quedado con la nota. Volví a entrar al patio y empecé a llamar a la puerta:
¡Señor Rogers! ¡Señor rogers! ¡Abra! ¡Se ha quedado la nota y rogaría que me la devolviera!
Nadie respondió. Debía de estar al otro lado de la casa
Me dispuse a echar un vistazo por las ventanas que daban al patio a ver si le veía a él o a su criada en alguna habitación cuando reparé en una escalera que debía servir para cuando venían a arreglar los farolillos que colgaban de los resquicios del segundo piso.
La apoyé en la pared y me encaramé pensando en que podía estar en el segundo piso y por eso no me habían oído.
Mi cara se congeló en una expresión mezcla de horror y asco al presenciar a través de la ventana a Rogers, la criada y ¡otro hombre! en medio del acto carnal.
"Exclamaciones, maldiciones y alguna santiguación recorrieron la taberna nada más escucharlo. Algunos parecía que lo estaban viendo en ese momento."
Tal fue mi impresión que casi me caigo de la escalera. Lentamente bajé las escaleras y me dirigí a la salida jurándome que nunca volvería a aquella casa.
Consternado, volví a casa de Jaqueline, me disponía a llamar al timbre aún dándole vueltas a lo que había visto, cuando reparé en un trozo de papel que asomaba por debajo de la puerta. Enganchado.
Tiré de el y me encontré con una nota exactamente igual que la anterior que decía:
NORTHLESS PARK - 23: 23
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