martes, 23 de diciembre de 2014

Elecciones

Elecciones. Nuestra vida está llena de ellas. Desde que nos levantamos hasta que decidimos irnos a dormir. Porque sí, eso también es una elección; una sencilla, por supuesto, pero una elección al fin y al cabo.
Hay elecciones simples y complejas, individuales y colectivas, que te implican a ti o que implican a los demás. De todo tipo, y sólo puedes escoger una de las opciones.
Aquí es cuando la cosa se complica, porque, ¿qué te dice a ti que lo que estás eligiendo es lo mejor para el futuro? ¿Qué es lo que mas beneficios te aportará?, ¿cuál es la elección más, hablando en un sentido evolutivo, adaptativa?. Incluso desde un punto de vista hedónico, ¿cómo puedes estar seguro que es lo que más placer te provocará?. Porque ahí esta el problema, ¿qué punto de vista eliges?
¿Eliges lo que quieres, o lo que debes? ¿Lo que sea mejor para ti, o para los que te rodean?

Llevo bastante tiempo planteándome esta pregunta, si debería empezar a hacer lo que quisiera en vez de lo que debería, puesto que, ¿qué es más importante, yo, o los demás? ¿Adopto una perspectiva egocéntrica o generosa? ¿Me centro en "ellos", o en "yo"?

Pues bien, he llegado a la conclusión de que todo depende. Sí, amigos, todo depende, esta es la respuesta a todas esas preguntas anteriormente mencionadas. Una respuesta vaga ¿eh?, inconclusa se podría decir. Una pregunta tan imponente, tan majestuosa, que inspira respeto; contestada con un simple, un raquítico "depende". Bueno, no me podéis culpar, la vida está llena de grandes preguntas y ninguna tiene una respuesta "aceptable", por decirlo de alguna manera. ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? ¿Existe Dios? ¿No existe Dios? Quien sabe, cada uno que saque al científico/filósofo de su interior, ese que todos llevamos escondido en alguna parte y que las responda por su cuenta, hoy vengo a hablar de las elecciones.

¿Qué debemos elegir?
Bien, antes que nada, debemos pararnos a pensar; no hay nada mejor como una acción precipitada para echar por tierra el trabajo de días, semanas, meses, años etc (bueno, supongo que todos nos sabemos los registros temporales ¿verdad?)
¿En qué hay que pensar? Os estaréis preguntado los más avispados (no os precipitéis amigos, todo a su tiempo ;))
En toda elección, absténganse elecciones cotidianas automatizadas, hay que tomar en consideración ciertos puntos:
-Consecuencias de cada elección; en términos de pérdidas y beneficios por supuesto.
-Coste de esa elección: entendiéndose como gasto/esfuerzo de realizar esa y no otra.
-Repercusiones: Es decir, como te afectará a ti, a tu entorno, y a las personas de tu entorno.
Una vez hemos tomado en cuenta todo esto, estaremos preparados para tomar cualquier elección que se nos presente en el camino, ya sea la más importante de tu vida, o si tomar el camino más largo o más corto para llegar a casa.
Como analicéis y toméis en consideración cada uno de estos puntos esta basado totalmente en diferencias individuales, fundamentas en la base asentada por la educación recibida y vuestra cultura.

Bien, después de esto. ha llegado el momento que todos esperabais, ¡el turno de preguntas y respuesta! (Aplausos y vítores, a la par que algún otro silbido y un efusivo "bieeen")

A ver tú el del fondo¡
- ¿Cómo afectan los sentimientos a esta toma de decisiones?
Buena pregunta Tommy, estaré encantado de respondértela con un antiguo proverbio que dice: No se deben tomar decisiones permanentes en base a emociones temporales, o lo que es lo mismo: No tomes ninguna decisión en un estado de euforia o en un estado depresivo, ya que distorsionarás la realidad de una manera u otra y no podrás discriminar cuales son las consecuencias, el coste y las repercusiones de cada elección.
- ¿Qué hacemos si nos hemos equivocado en alguno de los puntos?
Otra pregunta magnífica Jimmy, como siempre. En este caso se pueden dar diferentes situaciones: que no hayamos discernido bien las consecuencias, que nos hayamos equivocado en el coste de elección, que no sepamos o hayamos infravalorado las consecuencias o cualquier combinación de estas. Como no somos seres omniscientes que lo sepamos todos, hemos de tener en cuenta que nos podemos equivocar, en ese caso, lo único que podemos hacer es, hablando en términos coloquiales, "apechugar" con las consecuencias y aprender esa valiosa lección para no repetirla en el futuro.
- Pero... ¿y si sabemos el coste, y el beneficio pero no las repercusiones? ¿O sabemos las repercusiones pero son malas para los demás? ¿Qué debemos hacer?
Vaya, vaya, os estáis luciendo. Otra pregunta interesantísima Jacky.
En el caso de que no sepamos las repercusiones tenemos dos opciones:
- "Valor y al toro" como se suele decir, lanzarnos a la aventura y ver que sale. Si nos sale bien, perfecto, si sale mal, prueba otra vez chico ;)
- Si por el contrario eres poco amigo de las emociones, amante de la seguridad y prefieres no arriesgarte, no te tildaré de cobarde porque estamos delante de mucha gente pero... nah, es broma, es una opción tan noble como cualquier otra. La capacidad de echarse atrás para preservar la seguridad es tan valiente como la anterior, tal vez incluso más, pues te expones a las miradas y comentarios de aquellos que no tuvieron ese valor.

Sin embargo, si sabemos que las repercusiones son malas para los demás, aquí ya entra dentro la ética y moral de cada uno Jacky, cada uno tiene que decidir hasta donde esta dispuesto a llegar por lograr sus objetivos. Cada uno decide donde poner la barrera de sus límites y donde dibujar la línea que separa el bien del mal.

jueves, 20 de noviembre de 2014

La huida (III)

¡Despierta perro! fue lo primero que oyó Alber al levantarse ¡No es hora de dormir! ¡A trabajar!

Todos los días igual, la misma rutina desde hace siete años. Siete malditos años encerrado soportando sus insultos, sus vejaciones, sus patadas; ¡algunos de mis amigos han muerto debido a los golpes!
Pero yo no, yo debo aguantar, tengo que resistir y encontrar la manera de salir de aquí; aunque el último que lo intentó... bueno, mejor no recordarlo - pensó Alber agitando la cabeza temeroso de que la imagen del esclavo decapitado y echado a los perros hiciera que su ira se transformara en miedo quitándole el valor que le quedaba para escapar.
Necesito un plan. Algunos esclavos están planeando un motín; menudos idiotas, está condenado al fracaso. Intenté advertir a Alphonse de que abandonara esa idea descabellada, pero no me quiso escuchar. Su amor por Karina le impide ver la realidad y sólo piensa en impresionarla. Tonterías.
Quizás pueda aprovechar ese momento para escapar, y después... bueno, no sé, ya me las arreglaré; mientras tanto debo seguir disimulando y haciendo mi trabajo como la escoria que soy.

Rápidamente me levanto antes de que vuelva el guardia y empiecen a lloverme golpes que me dejen más débil de lo que ya estoy, estos guardias no se caracterizan por su excesiva paciencia y su infinita bondad. Me dirijo a las minas y nada más llegar noto un cambio en el ambiente respecto a los últimos meses: el aire está enrarecido, la tensión se palpa en el ambiente. Así que hoy es el día...
Con un par de preguntas a la persona adecuada me entero de que la revuelta está programada para el próximo cambio de guardia, es decir, dentro de media hora. Tengo que darme prisa.
Me escabullo como puedo y voy corriendo hasta mi catre y recojo todo lo que tenía ahí escondido por si surgía una ocasión como esta: el colgante que me regaló mi difunto abuelo, algo de comida con aspecto de estar en mal estado y un pequeño cuchillo que le robé a uno de los guardias mientras dormía.
Quince minutos, tengo que darme prisa. Una vez empiece la revuelta no tardarán en cerrar las puertas y será imposible escapar; lo mejor será que salga por las minas. Estarán vacías, o eso espero.

¡Eh, tú! ¿Qué haces aquí? ¡Deberías estar trabajando!
¡Mierda! ¡Me han pillado! ¡Disimula! 
Si señor, me quede dormido, lo siento mucho - digo agachando la cabeza - ya me voy...
¡Vete a trabajar antes de que te arranque la piel a tiras, perro! - grita el guardia seguido de una serie de improperios.
Ha faltado poco,;tengo que tener más cuidado o la próxima vez no tendré tanta suerte.
Quedan diez minutos, tengo que darme prisa...

Seguidamente me dirijo a las minas mientras maldigo mi estupidez, como siga así nunca conseguiré salir de aquí.
Una vez allí me quedo agazapado esperando oír el ruido que indicará el comienzo de la revuelta.
Pasan los minutos: uno, dos, tres... la rebelión debería haber empezado ya ¿Qué ha pasado?
No me digas que... rápidamente me asomo a la salida sólo para ver a diez guardias armados custodiando la salida hacia mi libertad ¡Maldita sea! Alguien ha debido filtrar la información, se han enterado y nos han tendido una trampa.
Da igual, tengo que conseguir salir, nunca tendré otra ocasión como esta, ¿pero cómo? No puedo enfrentarme a los guardias, aun cuando tengo el cuchillo, son demasiados. Lo único que puedo hacer es buscar otra salida cuanto antes. Tengo que darme prisa, el tiempo apremia y la seguridad cada vez será más fuerte.
Noto como me invade la desesperación; tranquilo Alber, tienes que calmarte, no puedes dejarte llevar por el miedo o nunca conseguirás salir de aquí. Vuelvo sobre mis pasos y salgo de las minas en busca de otra salida.

¡Alber! ¿Por fin te encuentro! ¡Necesito tu ayuda!
Dios mío, es Karine, parece a punto de romper a llorar, está al borde de un ataque de pánico. 
A duras penas me cuenta lo que ha pasado, apenas puede hablar, está temblando, ha debido de pasar algo muy grave allí arriba.
Como pensaba les han tendido una trampa, han capturado a casi todos, ¡Alphonse entre ellos!
Mierda, ¿qué debo hacer? Es casi imposible ayudar a Alphonse en este momento, y aunque sea mi amigo...
Sigo corriendo mientras mi corazón se debate entre abandonarle o intentar lo imposible. La situación se ha complicado con Karine, totalmente inútil y un lastre que he de cargar. Tal vez deba dejarla aquí, tendré mas posibilidades si escapo solo...



HISTORIA CANCELADA.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Siete (II)

En efecto. Aquí están. El bebé sigue llorando, ¿por qué no se callará? Debo hacerlo ya.
Rápidamente y aunando las últimas fuerzas que le quedaban el desesperado viajero se lanza a por el que cree la presa más débil: el bebé; con la esperanza de que el shock deje indefensos a aquella pareja de adultos convirtiéndolos en dos seres sin voluntad propia.
Por desgracia, al salir se le queda enganchada una rama y cae, maldita sea mi suerte, ¿cuándo me abandonó? se pregunta mientras va perdiendo la consciencia debido al golpe que se ha dado al caer.
Que deprimente... acabar mis días tirado en un bosque rodeado de la familia que pretendía asesinar. Bueno, este debe ser el destino de todo ladrón supongo: una vida de desconfianza conlleva una muerte en soledad...

¿Eh? ¿Dónde estoy? Que raro... lo último que recuerdo es que caí al atacar a esa familia, debería estar muerto...
¡Mamá, mamá! ¡Ha despertado! Oigo gritar al criajo. Su voz estridente me produce dolor de cabeza, ¿por qué no se callará?
Es de día, han debido escapar y me han llevado con ellos, ¿por qué? Habría estado bien morir allí, así no tendría que seguir soportando el peso de mis recuerdos y habría podido descansar en paz. Malditos humanos, siempre inmiscuyéndose en el destino de los demás.
El padre sale del bosque con leña bajo el brazo, la túnica remangada y un reguero de sudor recorriendo su frente. Hace calor. Bajo la luz del sol se ve destellar la cruz que lleva colgada al cuello, un sacerdote, ¿qué hace tan alejado de su iglesia? Debe ser un misionero o esta huyendo, o las dos cosas... Son días difíciles, hasta para la Iglesia, los "servidores de Dios". Aunque no me extraña, los rumores sobre los cadáveres de los niños encontrados en el sótano de la casa del Sumo Sacerdote no han ayudado a que la gente recupere la confianza en la Iglesia.
¿Qué hacen aquí? Espero enterarme pronto...

El maltrecho viajero hace ademán de levantarse, las fuerzas le fallan y se vuelve a caer al suelo, está demasiado débil...
Rápidamente el hombre de la túnica y su mujer van corriendo para ayudarle; ¡Elric, trae agua! ¡Deprisa! le gritan al niño. Segundos después aparece el niño con el cubo de agua a rebosar y se lo da a su padre quien lo inclina suavemente sobre los labios del ladrón hasta que este empieza a toser, claro indicio de que ya había bebido suficiente.
Pobre alma, debe de haber sufrido mucho. ¿Que haría en este sombrío bosque? Parecía muy asustado cuando apareció ante nosotros.
Le preguntaremos cuando despierte de nuevo-decide el padre al ver que había vuelto a caer dormido presa del cansancio acumulado durante semanas, tal vez meses.

Cuando volvió a despertar ya estaba anocheciendo, la familia había encendido una hoguera y estaban cocinando lo que parecían ser los restos de un animal muerto.. Bien, el fuego impedirá que las bestias se acerquen, por lo menos estaremos a salvo- pensó intentando ponerse de pie.
Acércate, ¡tenemos comida!-oigo gritar a la madre.
-¿Cómo te llamas?
-Alber- respondo en un leve susurro.
-¿Y que hacías en este lúgubre bosque a esas horas? ¿Donde está tu familia?
-Vamos mujer, no lo atosigues con preguntas, ¿no ves como está el chaval? Parece que ha pasado por un largo calvario, mírale la cara- le dice el padre al ver mi reacción ante tal sucesión de preguntas.
-Tienes razón, lo siento Padre. Perdóname Alber, no quería incomodarte, ha debido ser muy duro para ti. Simplemente tenía curiosidad por saber que hacía un chico como tú en un bosque tan tétrico, ¡y más por la noche!

El viajero, reacio a contestar cualquier pregunta, sumido en un intenso silencio enfoca su atención en devorar la comida que le habían ofrecido. Hacía varias semanas que no comía algo tan delicioso, el último bocado que había probado fue aquel insecto que logró cazar hacía ya cinco días atrás.
Mientras comía el esbozo de un plan iba formándose en su cabeza: se aprovecharía de ese grupo de viajeros, se ganaría su confianza, y cuando se fueran a dormir los mataría y huiría. Tal vez disfrazándose de sacerdote le dejarían entrar otra vez en la ciudad y allí cumpliría su venganza.
Se vengaría de todos aquellos que le habían traicionado, que le habían vendido como esclavo condenándole a siete años de sufrimiento. Siete años de trabajar de sol a sol a base de latigazos, de cadenas y de cárceles inmundas...
Se lo haría pagar. A todos ellos...

viernes, 7 de noviembre de 2014

Noche (I)

Solamente los rescoldos de la que había sido una hoguera fulgurante perturbaban la negrura de aquel espacio temporal antes del amanecer llamado noche.
Una noche tan oscura como el alma de aquel que vaga por el bosque esperando encontrar su destino abandonando toda la humanidad que le queda. Los lobos no aúllan puesto que no hay luna, las lechuzas no osan asomar la cabeza siquiera para comprobar que ha llegado su hora. Nada perturba el silencio en el que se encuentra aquel joven de mirada vacía y alma destrozada. Bueno, si es que a esos huesos se les puede llamar joven y a esos despojos de voluntad apagada, alma.
Lo único que hace es esperar, espera la llegada de un nuevo día en el que no ocurra nada, espera la llegada de un viajero descuidado que pueda asesinar y librarle del sufrimiento del que tan ciegamente cree él que está lleno el mundo.

Ruido. Parece ser que hoy tendrá suerte. Se levanta con el sigilo de quien está acostumbrado a no ser visto y con un movimiento aparentemente automático se agazapa a la espera de que el incauto viandante pase a su lado. Cada vez está más cerca. Su respiración se empieza a agitar pensando en la posibilidad de comer algo hoy, ya que llevaba varios días sin probar bocado y sus tripas rugían desde hace tiempo. 
Pasan los minutos y la espera se hace eterna, pero no pasa nada, ha aprendido a ser paciente, esperará todo lo que haga falta con tal de conseguir su objetivo; eso le habían enseñado. 

¡Por fin! Ya está aquí su esperada presa, piensa mientras va tensando cada uno de los músculos de su destrozado cuerpo. Sin embargo, hay algo que no había previsto, ¡son tres! Un niño pequeño de unos seis años acompañado por sus padres. Parecen agitados, deben de haberse perdido, tal vez se les averió el coche y vinieron hacía aquí llamados por el leve resplandor de los restos de la hoguera que había usado para calentarse aquella noche. 
¿Acaso no sabían que los bosques son peligrosos? De noche salen a cazar las bestias que lo habitan, animales rabiosos cuyo objetivo era el mismo que el del joven acechante: sobrevivir un día más.

Es peligroso atacar ahora, no contaba con eso. Aunque descarte al niño siguen siendo dos y el hambre me ha debilitado, pero necesito comer pronto o acabaré perdiendo el leve resquicio de razón que me queda, acabaré siendo consumido por la Locura, La única a la que no puedo hacer frente con mis puños, lo que más temo y siempre he temido en este mundo.
Decido seguirles. Si, esa será la mejor opción por ahora. A ver a dónde se dirigen. 
Camino con ellos un largo trecho viendo como cada vez se agitan más, tal vez conscientes del peligro que acechaba en ese bosque. 
De pronto el niño comienza a llorar ¡Maldición! eso alertará a las demás criaturas, no puedo dejar que siga así o tendré problemas cuando lleguen.

He tomado una decisión, correré el riesgo. Es mi única opción, la última oportunidad que tengo de conseguir algo de comer esta noche y probablemente la única que tenga este mes.
Busco a mi alrededor en busca de algo que me sirva para noquearles, un palo o quizás una piedra. Da igual. No tengo tiempo. Me acerco a un árbol y amortiguando el sonido con el llanto del bebé, parto una rama. Ya lo tengo, ahora solo falta lo más difícil. Me adelanto un poco más por el camino y les espero en la siguiente curva agazapado entre los matorrales que cubren ambos bordes de la desgastada senda que recorren. No tardarán en aparecer...

jueves, 21 de agosto de 2014

Al fin y al cabo: humanos

Hablemos.
Hablemos de aquello que hace que se te acelere el corazón, aquello que hace que te suba la tensión y un sudor frío recorra tu cuerpo.
Hablemos de todas esas sensaciones que bullen en tu interior cada vez que lo experimentas.
Hablemos de drogas. Hablemos de amor. De miedo. De experiencias.
Hablemos de la vida y la muerte. De la playa y la montaña. De la oscuridad y la luz, pero sobre todo del día y la noche.
Hablemos de todo y hablemos de nada.
Pero sobre todo hablemos... o mejor aún Transmitamos.

Transmitamos emociones, sentimientos, ideas, sueños. Transmitamos todo aquello que se nos pasa por la cabeza sin importar qué.
Dejemos todas esas miradas frías y hieráticas sonrisas en el rincón de los recuerdos y transmitamos.
Transmitamos con ojos límpidos, claros. Con sonrisas amables, cálidas. Transmitamos incluso sin tocar, sin ver, sin sentir... tan solo acompasando nuestra respiración con el de al lado. 
Inspira... Expira... Inspira... Expira... Respira... 
Respiremos...

Respiremos. Pero no sólo con la nariz, no sólo con los pulmones, con la faringe.
Respiremos con cada poro de nuestra piel, con nuestras voces, con nuestro aliento.
Respiremos cada cálido soplo de verano, cada impetuosa tormenta de invierno. 
Respiremos el limpio aire de las cimas mas altas. Respiremos la salada brisa del mar. Respiremos, y sobre todo...Gritemos

Gritemos sueños. Gritemos aspiraciones. Gritemos metas...
Gritemos todo aquello que nos desgarra por dentro para así poder vaciar nuestro dolor y llenar nuestra alegría.
Gritemos para aliviar nuestra alma de su sufrimiento, para acallar las voces de nuestro alrededor y así poder escuchar a nuestro propio cerebro, nuestro propio corazón, a nosotros mismos...
Gritemos al viento y a las mareas, a los planetas lejanos y a las personas cercanas. A las estrellas a años luz, a los cuartos vacíos y a las almas perdidas. 
Gritemos a los astros. Gritemos al Sol. Gritemos a la Luna.
Tan solo.... gritemos.

Al fin y al cabo, es lo que nos hace humanos ¿o no?

lunes, 28 de julio de 2014

Ella

Mantén la calma. Respira hondo. Cálmate. Ahora. Ahora ya puedes abrir los ojos y enfrentarte a ella. Tranquilo. Despacio. Sin prisa que la cagas.

Todo esto me decía mientras me mentalizaba para verla. Siempre me pasa lo mismo-¡malditos nervios!
Siempre me acaba pasando lo mismo, me pasan factura y la lío, no sé como lo hago pero siempre me las arreglo; cualquier situación, cualquier lugar, pero siempre lo mismo.
Y es que no puedo, no puedo verla sin sentir algo en el estómago, sin pensar un ¡joder! sincero. sin que se me revuelvan las tripas, sin que los pulmones se me achiquen tanto que parece que me falta el aire.

Abro los ojos y allí esta, y junto a ella los mismos síntomas de siempre. ¿Síntomas? ¿Ahora es una enfermedad? No lo sé, pero a mi me afecta como si lo fuera, no sé  los demás, yo todavía no estoy preparado para afrontarla, lo único que consigo es que mis acciones se descontrolen, mis comentarios se salgan de contexto y me ponga en un ridículo cada vez mas bochornoso. Aunque parece que a ella le da igual, sigue como si nada, como si no le importara lo que me pasa, simplemente esta ahí cual ente superior inmune a todo lo que me ocurre, tal vez ni siquiera lo sepa, tal vez ni siquiera sepa que existo. 
¿Qué hago para que se de cuenta de que estoy ahí y de que me importa? ¿Qué hago para que sepa que quiero vivir con ella? -Me pregunto aún ahora, mientras escribo esto. 
Es curioso como me afecta aún pasando tanto tiempo, supongo que es inevitable dejar huella por donde se pasa ¿verdad? Ya sea para bien (o para mal) siempre habrá una huella (o una cicatriz) allí donde hayas parado tus pies aunque sea por una milésima de segundo. Cuanto más tiempo hayas estado plantado ahí mas profunda será la huella. Aunque todo depende, claro está, de la fuerza con la que pises. A veces llegas más hondo a veces no, demasiados factores influyen como para controlar todos, siempre se acaba escapando alguno a tu control y ahí, es en ese momento cuando te das cuenta de que ya no hay nadie parado contigo y que debías haber hecho otra cosa. Cuando te das cuenta de que las decisiones que en su momento te parecieron acertadas, en retrospectiva, son las peores que podías haber escogido. Pero bueno, ¿para qué vivir con remordimientos? Entre un pasado con ella, y un futuro contigo, la respuesta es obvia ¿no?.

Definitivamente es duro pero tengo que abrir los ojos. Bienvenida, Realidad, volvemos a encontrarnos.

viernes, 4 de julio de 2014

Oportunidades, cuidado que vuelan

Mira, ¿lo ves pasar?, es una oportunidad, pero no te entretengas, allí va otra. Demasiado tarde, se fue, ya no volverá, pero no te preocupes, habrá otras, tal vez mejores, tal vez peores, pero siempre habrá más oportunidades.

Soy experto desaprovechando oportunidades, y eso que no me han hecho falta las 10.000 horas estipuladas, tan solo 19 años de vida -casi 20- para darme cuenta de ello. ¿Preocupado? Para nada, o eso espero, seguro que llegan más, a veces incluso como las desgracias -de dos en dos-, otras veces solas, pero siempre vienen. Pueden tardar desde horas, hasta años, a veces tan solo tienes que dar unos minutos de tu tiempo para que aparezcan. Es más, para los impacientes: ¿cansados de esperar?
Levántate del sillón y sal a buscarlas, las encontraras antes de que ellas hagan lo propio.

¿Qué más da si dejaste pasar al amor de tu vida? ¿Crees que solo hay uno? Por favor, que sea el primero o el más importante hasta la fecha no indica que no vaya a haber más, simplemente es un indicio de que tienes que seguir buscando. No te tortures por "la oportunidad perdida" o "el beso no dado", duele demasiado pensar en esa persona y darte cuenta de que el no hace lo mismo, así que ¿por qué hacerlo? Si sigues llorando por el/ella, si sigues andando con la cabeza baja, si sigues con esa mirada triste, no podrás ver nada más que lágrimas, nada más que tus zapatos, no podrás ver esas oportunidades pasando al lado tuyo rezando a Dios por llamar la atención de alguien como tú.

Sin embargo, dejemos de hablar de este tema tan peliagudo y espinoso como es el (des)amor. Ten por seguro que ya llegará y céntrate en aquello que te haga feliz en ese momento, ya sea familia, amig....bueno, esto empieza a sonar a tópico ¿no? Vida de color de rosa, cabeza alta, oportunidades allá donde vas. Todo muy bonito, pero seamos sinceros, la vida no siempre es así, a veces puede ser muy dura, tal y como puede llevarte a la cima, puede hacer que beses el fango y te hundas en un pozo sin fondo.
Sin embargo, hay algo que se seguro: el primer párrafo de esta entrada es verdad, siempre hay oportunidades, puedes estar sumergido en la nada más absoluta que al final, como indica el fenómeno de "regresión a la media", volverás a tener otra oportunidad más.

Por mal que os vayan las cosas, pensad que siempre hay un camino, siempre hay una manera de salir de ese pozo en el que os encontráis, ya sea usando el cinturón que lleváis como cuerda, o escalando con la fuerza de vuestros brazos las piedras del pozo, pero siempre, y repito, SIEMPRE, hay una salida, aunque al principio no la veáis, aunque parezca que no hay luz en vuestro oscuro túnel, al final... al final encontraréis la salida.

viernes, 30 de mayo de 2014

Querido diario...

Querido diario:

Me encanta estar solo...

Cuando estoy solo, estoy a salvo; nadie puede pegarte, nadie puede arañarte ni gritarte, nadie puede empujarte, ni tirarte al suelo. Ni siquiera pueden insultarte... Es la única manera de estar a salvo, sin nadie a tu alrededor, pero bueno, mejor solo que mal acompañado, o eso dicen...
Ultimamente me he alejado de todo, familia, amigos, gente de clase, compañeros, cada uno con una intención oculta que no puedo conocer. Tengo miedo...
No sé si me quieren hacer daño o sus intenciones son buenas. No sé si quieren darme la mano o usarla para tirarme al suelo...
Lo único que quiero es que me dejen en paz para poder estar tranquilo, pero no, no pueden, siempre tiene que haber alguien que se me acerque y tenga que rezar porque todo pase rápido y pueda disfrutar de la soledad que tanto ansío. Esa soledad (seguridad) me da fuerzas para volver a casa con una sonrisa y hacer que parezca que todo es genial.
-¿Qué tal el colegio hijo?
-Genial mama- respondo. ¿Qué otra cosa puedo hacer? No quiero que se preocupe, son mis problemas y los solucionaré yo, no necesito ayuda de nadie...
Además, si se enteran mis padres, se enterará todo el mundo y nunca más podré estar solo. Eso si que me da miedo... todo el día rodeado de gente, cada uno con ideas propias ocultas tras una "cordial sonrisa".
Si, entrecomillado porque nadie asegura que de verdad sea cordial, que de verdad sea una sonrisa y no una simple mueca automatizada para poder acercarse a mi. Dios, odio siquiera pensar eso. Acercarse a mi... No debo dejar que lo hagan, si lo consiguen nunca volveré a estar solo, aunque no haya nadie a mi alrededor seguiré pensando en aquel que me conoce, en aquel que puede hacerme daño, puesto que, para eso sirve la confianza, para darle la oportunidad a la persona de la mueca para hacerte daño, para acercarse a ti y coger tu mano y en el momento menos esperado, en tu momento de mayor debilidad, cuando estés a punto de caer al vacío, soltárterla y hundirte en el abismo del olvido.
Tal vez debería hacer eso, tal vez así nadie repararía en mi y podría estar solo, la soledad absoluta, un lugar donde solo estaré yo conmigo mismo y podré estar a salvo de todo y sobretodo de todos.
No entiendo a la gente que confía en los demás, y menos a los que confían ciegamente. ¿Acaso son estúpidos? La confianza ciega es la mayor estupidez del mundo, ¿acaso no se dan cuenta de que en cualquier momento pueden estar en peligro? Solo un estúpido cierra los ojos (ciega) ante la posibilidad de sufrir, y eso es lo que hace la confianza, no te das cuenta de que es demasiado tarde hasta que, efectivamente, lo es.
Hoy ya es viernes, podré disfrutar de dos días de completa soledad hasta tener que volver al colegio y soportar sus burlas, sus bromas, sus intentos de engañarme para que crea que son mis amigos. Pero no caeré, se como son y se que solo esperan el momento de traicionarme. Ojalá se mueran todos.

Me encanta estar solo...


           
Anónimo

martes, 25 de marzo de 2014

Nombres, ¿de verdad tan necesarios?

¿Por qué tenemos esa asquerosa manía de estropear las relaciones poniéndole nombre a los sentimientos que subyacen bajo ellas?
Cuando se le pone un nombre a algo, se le dota de significado, y el significado lleva un peso adherido. El amor, como os empeñáis en llamarlo, conlleva un peso muy grande. Tan grande que a veces la gente no puede soportarlo, tan grande que hace que las personas se tensen, se rompan y se derrumben.

¿Acaso no se dice "esta loco de amor"? ¿Que está locamente enamorado? Pues también se dice que está loco de atar; ¿de atar? Os preguntareis. Pues si, de atar, de atar los trozos sueltos que el amor ha separado, al haber roto al hombre que tuvo que soportar su peso. 
Para una mayor nitidez de este tema que estamos tratando, dirijamos nuestra mirada hacia la literatura, el ejemplo de amor por excelencia: "Romeo y Julieta", un clásico por todos conocido.
¿Su final? Los dos muertos.

¿Por qué tenemos esa necesidad de poner nombres a todo? ¿Por qué no se puede dejar que su simple existencia les describa?
Sigamos en este amplio tema que es el amor:
Novios, novias, ¿bonito término no? Bonito termino cuyo resultado son los celos, el concepto de posesión (puesto que es MI novio/a), y un sinfín de discusiones que no ocurrirían de no haberle puesto nombre a su relación. ¿O acaso no es verdad que, la mayoría de "rayadas" provienen del colega con novio/a? Yo no suelo discutir con los amigos, pero mis amigos con sus novias sí.
¡Cuidado!, no os digo que no tengáis relaciones, que os aisléis en vosotros mismos y no salgáis del caparazón; simplemente os aliento a que no estropeéis la pureza de una relación, la belleza de un sentimiento con algo tan burdo, tan vulgar como un nombre.
¿O acaso no es cierto que cuando ocurre algo maravilloso "no tenéis palabras para describirlo"? ¿Acaso no es verdad que lo increíble, lo que de verdad merece la pena os deja sin palabras? A vuestro juicio lo dejo.

Con esta entrada, para los más radicales, no quiero decir que los nombres no sean necesarios, ¡nada más lejos! Los nombres son necesariamente imprescindibles para establecer una comunicación correcta y sin errores. Seria imposible, o al menos muy difícil (lenguaje de signos) comunicarnos sin dotar de nombres a las cosas y de significado a los nombres.
Con esta entrada simplemente quiero resaltar la absurda necesidad de dar nombre a cosas que no lo necesitan, debido a que o no hay palabra en nuestro vasto vocabulario que sirva para describirlas y/o se describen por si mismas.

martes, 18 de marzo de 2014

La motivación: un deporte de riesgo

Uno de los mayores impulsores de la humanidad es la motivación, una motivación que puede ser tanto intrínseca como extrínseca según el individuo.

Se espera de todo ser humano que la motivación intrínseca sea, sin tener en cuenta situaciones especiales, mayor que la extrínseca, por aquello de los valores, principios y tal, sin embargo, no siempre es así.
De camino a la uni, me estaba preguntando cuál es mi motivación, qué es lo que me impulsa a correr todas las mañanas a coger el bus, el tren y después el Metro Ligero para ir a encerrarme en un aula en la que me enseñarán términos/conceptos que se encuentran en los libros y los cuales podría aprender por mi cuenta.
Qué es lo que me impulsa a madrugar día sí,día también para hacer una carrera tras la cual me encontraré irremediablemente en el paro.

Como me jacto de ser un hombre pragmático cuanto menos, he decidido dejar de lado esas preguntas e irme directamente a la raíz del problema. ¿Qué hay que hacer cuando uno no se encuentra motivado? ¿Dónde se encuentra la motivación?
Es decir, ¿como se pasa del "buah, para que" al "coño, y ¿por que no?", al "voy a hacerlo"?
Demasiadas veces me he encontrado ya con gente desganada incapaz de mostrar interés por cualquier actividad por su valor intrínseco, simplemente centrándose en el denominado extrínseco (por ejemplo: posibles beneficios).
Hoy, sintiéndome sin motivación, ninguna de las dos; poniéndome en su piel, me he dado cuenta de lo difícil que es vivir así, en un constante aburrimiento, haciendo cosas que no quieres, viviendo desganado y sin motivación alguna.
Así que se me ha ocurrido una idea bastante simple en un principio pero que, como luego veremos, tiene su complejidad.

Si Mahoma no va a la montaña... bueno, ¿todo el mundo sabe como acaba no?
Es decir, en vez de buscar la motivación en lo que hacemos, lo preferible seria buscar lo que te motiva, pensar en lo que te gusta y hacerlo. Es decir, cambiar la dirección de nuestro pensamiento.
Esta idea, sin embargo, tiene un fallo evidente: no todo lo que nos motiva sirve.
Pongamos por ejemplo el fútbol, puede motivarte muchísimo pero, a menos que seas futbolista profesional, no te servirá en el día a día (seamos sinceros, esto no es Oliver y Benji).
Teniendo esto presente, lo único que hay que hacer es mirar en el interior de cada uno, ver sus aficiones, sus hobbies y compaginarlo para poder encontrar esa motivación que te haga salir de la cama todas las mañanas para ir corriendo a coger el autobús; como en mi caso es, la carrera de Psicología y todo el saber relacionado con ella.

Por último, antes de irme, queridos lectores, no querría despedirme sin antes lanzaros una pregunta:
Y a vosotros...¿qué os motiva? 


jueves, 16 de enero de 2014

Religión: ¿Cuestión de fe?

Camino a la universidad, una duda carcome mi mente: ¿Qué es Dios*? O mejor, ¿qué es lo que hace que millones de personas crean en un ser/no ser, supuestamente necesario, cuya existencia no se ha demostrado? Vale, es cierto que todavía no se ha demostrado su "no existencia" , pero ese no puede ser el motivo de su creencia, ya que, los humanos, en su mayoría, son seres racionales capaces de pensar por sí mismos cuya fe se basa (normalmente) en lo que ven; claro ejemplo es la exigencia de pruebas para creer en lo que dices.
Sin embargo con la/s religión/es no sucede lo mismo, ¿por qué? ¿Por qué esa fe ciega en un ser superior del que solo se tiene noticia a través de una institución y no de primera mano?

La respuesta es muy simple: necesidad de creer, necesidad de saber que aunque tu no lo puedas controlar, alguien o algo lo va a solucionar. Ese es el alimento y la fuerza de la fe, esa necesidad de que todo salga bien alimenta tu fe que a su vez te proporciona esa falsa seguridad, esa convicción de que al final todo tiene recompensa.
Millones de personas creen en un ser simplemente por eso, porque los ser humanos necesitan creer en algo; no tiene porque ser un Dios, puede ser algo material incluso, como el dinero; "poderoso caballero es Don Dinero" dicen algunos, algo capaz de solucionar nuestros problemas: ¿el dinero da la felicidad no?.
Usted, como sagaz lector que es podría preguntarse ¿por qué creen en algo cuya existencia no es segura? ¿por qué no creer en algo cuya presencia sea real?

Estas preguntas, también cuentan con una sencilla respuesta: la gente cree en Dios porque necesitan creer en una fuerza superior que les ayude cuando todo vaya mal: cuando no pueden controlar algo se acogen a la providencia del Señor.
¿Es Dios, entonces, una invención del ser humano para sacar fuerzas de la flaqueza con lo que llamamos Fe? Puede que si, puede que no, hasta que no se demuestre la existencia del mismo esta pregunta permanecerá sin respuesta.
Hay que comprender que para las personas es mucho más fácil creer en algo superior más que en algo material, ya que ¿cómo se va a ocupar alguien de tu mismo nivel de algo que no puedes solucionar? Para ello tiene que existir, necesariamente, un ser omnipotente que pueda ocuparse de todos los problemas que conlleva la vida humana, un ser que, después de la muerte, con seguridad te lleve al paraíso haciendo que te liberes de ese miedo a morir inherente al ser humano, un ser que, con simple Fe consiga que tu vida haya tenido sentido, que te haga creer que tu vida ha servido para algo...
Esa Fe, esa firme creencia es lo que consigue que muchas personas saquen fuerzas de la flaqueza y consigan dar un paso hacia adelante en su vida.

Y usted, ¿en qué cree?

*Dios: Entiéndase como ser supremo y omnipotente en cualquier religión deísta o teísta (Alá, Yahve, Dios)