sábado, 15 de noviembre de 2014

Siete (II)

En efecto. Aquí están. El bebé sigue llorando, ¿por qué no se callará? Debo hacerlo ya.
Rápidamente y aunando las últimas fuerzas que le quedaban el desesperado viajero se lanza a por el que cree la presa más débil: el bebé; con la esperanza de que el shock deje indefensos a aquella pareja de adultos convirtiéndolos en dos seres sin voluntad propia.
Por desgracia, al salir se le queda enganchada una rama y cae, maldita sea mi suerte, ¿cuándo me abandonó? se pregunta mientras va perdiendo la consciencia debido al golpe que se ha dado al caer.
Que deprimente... acabar mis días tirado en un bosque rodeado de la familia que pretendía asesinar. Bueno, este debe ser el destino de todo ladrón supongo: una vida de desconfianza conlleva una muerte en soledad...

¿Eh? ¿Dónde estoy? Que raro... lo último que recuerdo es que caí al atacar a esa familia, debería estar muerto...
¡Mamá, mamá! ¡Ha despertado! Oigo gritar al criajo. Su voz estridente me produce dolor de cabeza, ¿por qué no se callará?
Es de día, han debido escapar y me han llevado con ellos, ¿por qué? Habría estado bien morir allí, así no tendría que seguir soportando el peso de mis recuerdos y habría podido descansar en paz. Malditos humanos, siempre inmiscuyéndose en el destino de los demás.
El padre sale del bosque con leña bajo el brazo, la túnica remangada y un reguero de sudor recorriendo su frente. Hace calor. Bajo la luz del sol se ve destellar la cruz que lleva colgada al cuello, un sacerdote, ¿qué hace tan alejado de su iglesia? Debe ser un misionero o esta huyendo, o las dos cosas... Son días difíciles, hasta para la Iglesia, los "servidores de Dios". Aunque no me extraña, los rumores sobre los cadáveres de los niños encontrados en el sótano de la casa del Sumo Sacerdote no han ayudado a que la gente recupere la confianza en la Iglesia.
¿Qué hacen aquí? Espero enterarme pronto...

El maltrecho viajero hace ademán de levantarse, las fuerzas le fallan y se vuelve a caer al suelo, está demasiado débil...
Rápidamente el hombre de la túnica y su mujer van corriendo para ayudarle; ¡Elric, trae agua! ¡Deprisa! le gritan al niño. Segundos después aparece el niño con el cubo de agua a rebosar y se lo da a su padre quien lo inclina suavemente sobre los labios del ladrón hasta que este empieza a toser, claro indicio de que ya había bebido suficiente.
Pobre alma, debe de haber sufrido mucho. ¿Que haría en este sombrío bosque? Parecía muy asustado cuando apareció ante nosotros.
Le preguntaremos cuando despierte de nuevo-decide el padre al ver que había vuelto a caer dormido presa del cansancio acumulado durante semanas, tal vez meses.

Cuando volvió a despertar ya estaba anocheciendo, la familia había encendido una hoguera y estaban cocinando lo que parecían ser los restos de un animal muerto.. Bien, el fuego impedirá que las bestias se acerquen, por lo menos estaremos a salvo- pensó intentando ponerse de pie.
Acércate, ¡tenemos comida!-oigo gritar a la madre.
-¿Cómo te llamas?
-Alber- respondo en un leve susurro.
-¿Y que hacías en este lúgubre bosque a esas horas? ¿Donde está tu familia?
-Vamos mujer, no lo atosigues con preguntas, ¿no ves como está el chaval? Parece que ha pasado por un largo calvario, mírale la cara- le dice el padre al ver mi reacción ante tal sucesión de preguntas.
-Tienes razón, lo siento Padre. Perdóname Alber, no quería incomodarte, ha debido ser muy duro para ti. Simplemente tenía curiosidad por saber que hacía un chico como tú en un bosque tan tétrico, ¡y más por la noche!

El viajero, reacio a contestar cualquier pregunta, sumido en un intenso silencio enfoca su atención en devorar la comida que le habían ofrecido. Hacía varias semanas que no comía algo tan delicioso, el último bocado que había probado fue aquel insecto que logró cazar hacía ya cinco días atrás.
Mientras comía el esbozo de un plan iba formándose en su cabeza: se aprovecharía de ese grupo de viajeros, se ganaría su confianza, y cuando se fueran a dormir los mataría y huiría. Tal vez disfrazándose de sacerdote le dejarían entrar otra vez en la ciudad y allí cumpliría su venganza.
Se vengaría de todos aquellos que le habían traicionado, que le habían vendido como esclavo condenándole a siete años de sufrimiento. Siete años de trabajar de sol a sol a base de latigazos, de cadenas y de cárceles inmundas...
Se lo haría pagar. A todos ellos...

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