martes, 29 de octubre de 2019

Wellness. Episodio 5: Adam

Necesito estirarme

Eso fue lo primero que pensé nada más abrir los ojos.

- Sonia,  ¡Sonia!
- ¿Desea algo señor Adam?
-  ¿Cómo ha ido el centro en mi ausencia?
- Muy bien señor, cada vez más gente solicita nuestros servicios. Desde que se fue por última vez hemos tenido más de 1.200 pacientes nuevos...
- ¿Pero...? No titubees Sonia, dime que ocurre. No me hagas perder el tiempo.
- Algunos de los pacientes regresan pasado cierto tiempo señor, dicen tener recuerdos antiguos, recuerdos que deberían haber sido borrados..
- ¿Estáis seguros de que lo hicisteis bien? Eso debería ser imposible.
- Completamente señor, yo misma me aseguré de que se realizara el proceso correctamente.
- Tendremos que revisarlo, ¿de cuántos pacientes estamos hablando?
- Pocos señor, apenas una docena.
- Incluso uno sólo puede arruinarlo todo, tenemos que asegurarnos de que no vuelva a ocurrir bajo ningún concepto. No quiero excusas, ¿entendido?
Si esto saliera a la luz estaríamos en un grave problema, y no quiero que el gobierno meta sus narices en mis instalaciones.
- Sí, señor.
-¿Algo más que quiera contarme?
- No tiene importancia señor, pero el otro día vino una chica preguntando por usted.
- ¿Y?
- Era la señorita Rouge señor...
- Oh... - Entonces la cosa cambia - ¿Qué quería? ¿Daba indicios de sospechar algo?
- No señor, simplemente dijo quería hablar con usted pero no mencionó nada especial.
- Si vuelve a venir preguntadle el motivo de su visita, ahora tengo que irme. Asegúrate de haber solucionado las anomalías para cuando regrese.
- ¿Cuándo será eso señor?
- No sé cuánto me llevará esta vez,  puede que menos de un mes.

Cada vez era más fácil.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Wellness. Episodio 4: Williams

Atravesé las puertas que me señalaba la recepcionista sólo para llegar a una sala exactamente igual a la anterior.

- Buenas tardes, el señor Williams, ¿verdad? - me dijo una recepcionista de sonrisa deslumbrante totalmente vestida de blanco - le estábamos esperando. Por favor, avance por el pasillo del fondo.

Me froté los ojos esperando haberme equivocado, la recepcionista era exactamente igual a la anterior.

- ¿Pero tú no estab... ¿tú no estabas hace un momento en la otra sala?- pregunté asombrado.
La recepcionista me miró con extrañeza.

Sigue adelante. No hagas preguntas.

Decidí seguir adelante de todos modos. ¿De dónde había surgido esa voz?

Avancé por el pasillo que me había indicado hasta atravesar unas puertas automáticas al fondo, tan sólo para llegar a una sala completamente idéntica a las dos anteriores.

- Buenas tardes, el señor Williams, ¿verdad? - me dijo una recepcionista de sonrisa deslumbrante totalmente vestida de blanco - le estábamos esperando. Por favor, avance por el pasillo del fondo.

Sin mediar palabra ni pensármelo dos veces continué por donde me indicaban. Esto no podía estar pasando, tenía que ser un sueño. Mi mente me estaba jugando una mala pasada. Otra vez.

- Buenas tard- antes de que terminara de hablar salí corriendo, atravesando el mismo pasillo una y otra vez tan solo para llegar a la misma habitación con la misma recepcionista. Me estaba volviendo loco.

No sé cuantas veces repetí ese ciclo que parecía no tener fin, quería salir de allí. ¡Necesitaba salir de allí!

Me di la vuelta para volver por donde había venido. No había puertas, ni pasillo, ni nada. Una enorme pared blanca bloqueaba lo que debía ser el camino de vuelta. Si es que alguna vez había existido alguno.

No hay marcha atrás.

Pensé en gritar, pedir ayuda, pero ¿quién iba a venir a salvarme? La recepcionista sólo repetía la misma cantinela una y otra vez y no respondía a ninguna de mis preguntas.

Estás solo.

Estaba al borde de la desesperación, me estaba hundiendo cada vez más y más en un pozo sin fondo, la locura me arrastraba...

Noté como se me cerraban los ojos y me quedaba sin fuerzas.

Espero no golpearme en la cabeza.

Ese fue mi último pensamiento antes de perder la conciencia.

viernes, 18 de octubre de 2019

Wellness. Episodio 3: Rouge

Decidí acercarme al centro a preguntar por Adam, llevaba ya dos meses ahí y todavía no le había visto entrar ni salir, nadie podía pasarse tanto tiempo allí dentro.
No sabía de dónde venían mis sospechas, pero no podía creer que algo tan bueno fuera cierto; algo andaba mal con el centro Wellness y su presidente. Estaba segura de ello y no pararía hasta demostrarlo.

¿De dónde me venían estas ideas?

Decidí acercarme ese mismo día.

CENTRO WELLNESS

Rezaba un cartel enorme a la entrada del recinto que acogía sus instalaciones.

- Oh, la señorita Rouge, ¿verdad? ¿En qué puedo ayudarle? - Me preguntó una recepcionista de sonrisa deslumbrante totalmente vestida de blanco.

Desearía ver al señor Adam - respondí un poco extrañada de que conociera mi nombre. No recordaba habérselo dicho.

- Lo lamento mucho pero hace un año que el señor Adam no se pasa por la ciudad, ¿Quiere concertar una cita con él?

- No, no se preocupe, ya vendré otro día -prefería que no supiera que le estaba buscando - ¿Sabe cuándo volverá?

- Lo lamento mucho, pero el señor Adam viene y va de imprevisto, es un hombre muy ocupado. Ni siquiera nosotros, sus empleados, sabemos donde encontrarle; y muchos ni siquiera le hemos visto la cara salvo por televisión.

Con cada palabra que decía la recepcionista me iba sintiendo cada vez más idiota. Llevaba dos meses vigilando e investigando como una imbécil para nada. Todo había sido en vano.

Tenía que volver a casa y reflexionar sobre lo que iba a hacer a continuación, no podía malgastar  mi vida en esta ciudad.

No te rindas

- Perdone, ¿ha dicho algo? - le pregunté a la recepcionista.
- ¿Yo? No, lo siento señorita - me respondió mientras miraba la pantalla que tenía enfrente.
- Oh... habrán sido imaginaciones mías.

Sin embargo, estaba segura de haber escuchado una voz. Habrá sido el cansancio.

Iba tan sumida en mis pensamientos que no me di cuenta que al salir me crucé con una cara conocida que entraba, ¿Williams?

martes, 15 de octubre de 2019

Wellness. Episodio 2: Rouge

No tenía ni idea de quién era ese hombre pero ya me lo había encontrado varias veces. No había día que repitiera su recorrido, parecía caminar sin rumbo fijo y, sin embargo, siempre acababa cruzándome con él. Lo más extraño es que cada vez que nos encontrábamos se me quedaba mirando, embobado, como si me viera por primera vez; no daba señales de reconocerme.

Había intentado cruzar unas palabras con él pero su conversación era tan errática como sus pasos, todo era inconexo en ese hombre.
Williams decía llamarse. O al menos eso repetía constantemente.

Tengo que reconocer que me producía cierta curiosidad, no él, obviamente; sino la situación que le había llevado a aquel estado.
El claro contraste que ejercía con el resto de habitantes de la ciudad de la felicidad era cautivador, más de una vez me había sorprendido a mi misma pensando en él mientras realizaba mi paseo diario. No era habitual en mí.

Pasó el tiempo y la casualidad se volvió rutina, los encuentros inesperados empezaron a hacerse predecibles y las conversaciones cada vez más aburridas. Como siempre, había perdido el interés.

Cierto día dejé de verlo. No volvió más. Sinceramente esperaba que no hubiera muerto, aunque tampoco le echaría de menos.

--

Mi casa estaba situada a escasos metros de las instalaciones del centro Wellness. La había escogido ahí porque necesitaba un lugar desde donde poder observar a toda esa marea de gente que entraba y salía de sus edificios. Empleados y clientes.
Daba igual el estado en el que entraran, todos salían con una sonrisa de allí, como si nada les afligiera, como si les hubieran drogado.
Sólo había una persona a la que no había visto todavía, Adam Smith, dueño de la compañía.

El hombre más bueno del planeta y a la vez el más enigmático. Nadie sabía de donde había salido hasta que apareció de la mano de su método Wellness. Su ascenso hasta posiciones influyentes había sido tan meteórico como misterioso.
Había intentado investigar su pasado en otras ocasiones y siempre me había dado de bruces contra un muro de anonimato y privacidad como si alguien se hubiera ocupado de borrar sus huellas.
Por eso decidí venir aquí, al origen de todo, a su hogar.

viernes, 11 de octubre de 2019

Wellness. Episodio 1: Williams

Recuerdo que dolía, contemplarla me dolía.

Esa fue la primera vez que me planteé acudir al centro Wellness, aunque tal vez sólo fuera fruto de su incesante e invasiva publicidad.
Era imposible caminar por la ciudad sin ver su logotipo o la cara de su fundador, Adam Smith, cada 100 metros. Parecía una plaga.
Este último mes había sido especialmente horrible, los demonios de mi cabeza no paraban de jugar con mi mente, entrelazando recuerdos o creando unos nuevos. Ya no los distinguía. Estaba perdiendo la conciencia de realidad y no estaba seguro de qué hacer o cómo actuar, había dejado de saber quién era.
Me miraba al espejo y no reconocía el reflejo que tenía delante, ni siquiera notaba las manos como mías. Me sentía una marioneta incapaz de ver los hilos de su titiritero.
Un único nombre se repetía dentro de mi cabeza:

Williams

Así debía llamarme. Creo.

Antes de venir aquí yo era...
Era....
No lo recuerdo.
Ni siquiera sabía por qué había decidido mudarme aquí, al centro de Paraíso, la ciudad que había surgido con Wellness como su epicentro.
¿En qué momento había empezado todo? Tampoco lo recordaba.
Apenas tenía recuerdos claros de mi vida aquí, ¿cuánto tiempo llevaba?
Si sabía donde vivía era porque los vecinos me reconocían, y aún así una de cada cuatro veces aparecía en la otra punta de la ciudad, perdido, desorientado, sin saber donde estaba.

Fue en uno de esos viajes donde conocí a Rouge.
Pelo corto, castaño oscuro, casi negro. Labios color carmín, tal como y indicaba su nombre. Si tuviera que usar una palabra para describirla sería elegancia.
Nada más cruzar por mi lado me quedé embobado, pensando que jamás la olvidaría.
Nada más desaparecer de mi vista, ya no me acordaba de ella. Su cara se había fundido en el amasijo de pensamientos inconexos que poblaba mi mente día tras día.
Desde aquel momento me la encontré varias veces, y cada día me juraba que la recordaría, y cada día me olvidaba de ella al instante que desaparecía. Era un bucle infinito que se repetía semanalmente, a veces hasta diariamente. No parecía que fuera a parar.

Recuerdo que dolía, contemplarla me dolía.

Tengo que acudir al Centro Wellness.

martes, 8 de octubre de 2019

Wellness. Episodio 0: Bienestar

Bienvenido al centro Wellness, el hogar de la felicidad.

Eso fue lo primero que vi nada más entrar a las instalaciones que me habían indicado por teléfono. Un cartel gigantesco así lo rezaba.
Menudo ego - pensé.

- El señor Williams, ¿verdad? Le estábamos esperando, por favor siéntese allí - me indicó una recepcionista de sonrisa deslumbrante totalmente vestida de blanco.
Fui hasta donde me había indicado, dos personas más ya estaban esperando. Ambas absortas en lo que mostraba una gran pantalla que colgaba del techo.

Bienvenido al centro Wellness, el hogar de la felicidad. 
Después de la Tercera Guerra Mundial nuestro presidente, Adam Smith,, reputado neurocientífico, encontró una manera de actuar directamente sobre la amígdala y el hipocampo para hacer desaparecer los recuerdos de los veteranos. Su objetivo era eliminar el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y así lograr que pudieran continuar con sus vidas tras la guerra.

Debido a su tremendo éxito, el señor Smith fue condecorado por gobiernos y organizaciones de diferentes países del mundo culminando con la obtención del premio Nobel de la Paz y de Neurociecia al mismo tiempo en 2117 convirtiéndose en la persona más influyente del último siglo.

- Lo único que me interesa es hacer de este mundo un lugar mejor - afirmaba mostrando una sonrisa inmaculada.

- ¿Cuál es su próximo objetivo? - le preguntaba la persona que le estaba entrevistando.

-Nuestro objetivo es poder llevar el método Wellness a todas las partes del mundo. No sólo poder aplicarlo a veteranos de guerra sino a cualquier persona que tenga algún mal recuerdo. Nuestro objetivo es la felicidad perpetua y permanente...


- ¿Señor Williams? ¿Señor Williams? ¿Se encuentra bien?
Me había quedado absorto mirando el antiguo anuncio y no me había dado cuenta que era el único que quedaba. La recepcionista estaba a mi lado llamándome.
- ¿Ya es mi turno?
- Sí, por aquí por favor - me respondió señalándome unas puertas automáticas al fondo de la sala.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Buenos días

Ojos hinchados, ojeras y una sonrisa. Era la cosa más hermosa que había visto nunca.

-Buenos días -dijo con voz adormilada.
-Buenos días - respondí.

Estaba tapada con dos edredones, era invierno y ella siempre tenía frío. Mis pies jugueteaban con sus calcetines intentando quitárselos, tenía que levantarme en 3 minutos y quería que duraran para siempre.

Vuelve a dormir- le dije.
No quiero- me respondió-poniendo cara de niña enfadada - quiero estar contigo.
- Yo me voy a levantar ya.- le dije besándola suavemente en la frente.
Su cara pasó del enfado a la tristeza en un segundo.
- ¿Que ocurre?
-No quiero que te vayas.
-Ni yo, pero tengo que ir a trabajar - respondí acercándome a besarla.

Antes de que me diera cuenta se abalanzó sobre mi aplastándome contra la cama.

-Ahora estás atrapado, jeje - me dijo con una sonrisa traviesa y una mirada divertida en los ojos.

Intenté poner cara de enfado pero no pude reprimir una carcajada. Me encantaba y ella lo sabía.

- Amor, tengo que irme - le dije entre risas.
- ¡No! - me respondió con la voz aniñada - Quiero que te quedes conmigo para siempre.