jueves, 4 de junio de 2020

Profundo

No tenía ni idea de dónde estaba, la niebla lo cubría todo impidiéndome ver más allá de dos metros.
Seguí andando teniendo cuidado con cada paso que daba, poniendo un pie delante de otro intentando no desviarme del camino hasta que lo encontré.

Era un precipicio tan alto que, aunque la niebla se había despejado, era incapaz de distinguir el fondo, si es que lo había.
Tenía que saltar, lo sabía, pero tenía miedo; las piernas me fallaban, incapaz de hacer otra cosa que no fuera temblar a pesar de mis esfuerzos por parecer sereno.

-¿Saltamos juntos? -me sobresaltó una voz a mi lado
- Pero no se ve el fondo -dije aparentando una calma que no sentía.
- Eso es lo divertido
Dicho esto, cogió mi mano y saltó sin dudarlo un instante arrastrándome con ella.

Instantes después la tranquilidad y la calma que me invadieron hicieron eco en mi cuerpo haciendo que dejara de temblar. Al final, sólo había que lanzarse.
Me giré para agradecérselo pero, donde debía haber alguien, sólo quedaba el rastro de una neblina, como si nunca hubiera existido. ¿Me lo habría imaginado?

De súbito el agua me inundó sin previo aviso, rodeándome por todas direcciones sin llegar a ahogarme; podía respirar sin problemas y mis ojos eran capaces de distinguir los detalles con claridad meridiana.
Nunca me había sentido tan bien bajo la superficie..

Empecé a bucear, moviéndome de un lado a otro explorando todo lo que ese océano tenía por ofrecer, sin embargo, de todas las direcciones posibles, siempre había una que me llamaba más que las demás, hacia abajo.
Quería ir más hondo, más y más esperando descubrir todos los secretos y tesoros que se escondían en ese mundo inundado.
Cada día iba un poco más hondo y cada día descubría que se podía ir un poquito más. Parecía no tener fin, pero eso me daba igual, era lo mejor de todo aquello, que no había un fondo, que no había un final.
Nunca te cansabas de ir al siguiente nivel, de explorar todos y cada uno de los recovecos y cuevas que anidaban ahí abajo, de pasar tres veces tu mirada por un sitio y descubrir en la cuarta algo nuevo en lo que no habías reparado antes.

Había zonas tan iluminadas que tenías que cerrar los ojos, como si el Sol hubiera dejado un pedacito como recuerdo; otras, sin embargo, eran tan oscuras que no podías ver ni tus propias manos. Daban miedo, pero eran mis zonas favoritas, y las que más me gustaba abrazar.

Conseguí llegar muy abajo, pero sé que aún no he llegado ni a la mitad de la mitad antes de llegar al fondo, si es que acaso lo hay.

- ¿Y cómo se llamaba ese mundo?
- Era tan profundo que le pusieron el nombre de una fosa.

jueves, 21 de mayo de 2020

Disección de un sentimiento sempiterno

Como una sensación sorda que siempre está ahí. Da igual lo que haga, siempre está ahí.
A veces se acentúa y otras es más tenue, pero siempre está ahí.
Al lado de esta sensación la eternidad es caduca, no dura más que un parpadeo.
A veces la siento en el pecho, acompañada de gratitud y felicidad, otras, sin embargo, me baja al estómago o me sube a la garganta, en compañía del lamento y la tristeza.
Es complicado controlarla, si la ignoras y la haces a un lado, no se va, se queda ahí, esperando con el mismo afán que Hachiko; dándote pequeños golpecitos en el hombro pidiéndote que la mires.
Por otro lado, si la haces caso y te centras en ella se hace grande, muy grande; crece y crece sin parar hasta inundarte tanto que a veces el agua desborda por mis lacrimales o la sonrisa se me sale de las comisuras.
Es una sensación allende a cualquier otra.
No tiene nombre pero, si lo tuviera, sería el suyo.

sábado, 2 de mayo de 2020

Camino

Cuando miro al cielo
las estrellas te rinden homenaje,
escribiendo tu nombre
con letras de oro.

Cuando miro al frente
el viento arrastra tu risa,
mostrándote feliz,
haciéndome feliz.

Cuando miro al suelo
la tierra tiembla,
al igual que mi cuerpo
cuando recuerda tus abrazos.

Cuando miro detrás
no veo nada,
sólo vacío,
y eso da miedo.

Cuando miro a los lados
te veo a ti,
y eso trae calma,
eso trae paz.

jueves, 30 de enero de 2020

Escape

La verdad es que al principio me asusté. Vi como caía la sangre lentamente deslizándose por mi antebrazo.
Al principio dolió, pero no tanto como pensaba. El frío tacto del metal cortando mi fina piel fue sustituido poco a poco por el calor de la sangre que manaba de la herida.
Probé a hacerme otro. Y otro. Y otro más. Cada vez más rápido y cada vez más profundo, ya no sentía los cortes.

¡Ay! Creo que había llegado al hueso. Bueno, daba igual.
Me quedé sentada mirando embobada el recorrido que hacía la sangre formando ríos rojos a lo largo de mi brazo. Era muy bonito.

Estaba en paz.

Con el primer corte desapareció la rabia.
Con el segundo, la tristeza.
El tercero se llevó al miedo consigo.
Y con el cuarto me quedé vacía.
La culpa había desaparecido.

Estaba en paz.

Me quedé un buen rato ahí tirada, sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la cama y la cabeza entre mis piernas mientras la luz que entraba por la ventana se reflejaba en el cuchillo que acababa de usar para castigarme. Estaba llorando, yo no quería hacerme esto.

Pasada media hora me levanté, me lavé la heridas, vendé mi brazo y me fui a dormir.
Mañana será otro día.

Buenas noches.

sábado, 18 de enero de 2020

Inefable

El arte de definir lo inefable, de describirlo con tanto detalle que la imagen mental que tengo al escribir esto pase a vuestras cabezas sin un solo fallo.

Es como explicar la magia sin contar el truco.
Como contar las estrellas en una noche nublada.
Como apagar un fuego a base de saliva.
Como pedirle a un niño que echa de menos a su padre que no llore.
Como fingir que no existe lo que sientes por miedo al rechazo.
Como morir de frío en las profundidades del infierno de tus pensamientos
Como caer del cielo y no añorarlo al mirar hacia arriba.
Como enamorarte de ella y pretender dejar de estarlo.

Como coger un avión a ninguna parte y perderte en su mirada.
Como recorrer mil leguas y acabar siempre en su piel.
Como morir de deseo y revivir de amor.
Como morir de amor y revivir de amor.
Cono enamorarte de ella y pretender dejar de estarlo.

El arte de describir lo inefable es como tú, un arte.