martes, 7 de agosto de 2018

Una experiencia inolvidable - Día 2

Ya era el segundo día. La emoción de la primera vez había sido sustituida por el cansancio, pero seguía con ganas; a fin de cuentas, sabía que no iba a ser fácil.
Sin embargo, quería continuar, la recompensa me atraía.
Puede que no haya un tesoro al final del todo, ni siquiera sé si hay un final; era otro tipo de recompensa, el camino era el premio.
Saber que estoy haciendo algo grande, ser partícipe de ello y sobreponerme a los demás para continuar, eso era lo que me impulsaba a seguir.
"Menudo chalado", o "este tío está loco" serán algunas de las frases que os habrán venido a la cabeza seguramente
Pero cuando encuentras algo que de verdad te llama, el precio deja de importar.
En ese momwnro el cansancio desaparece, no hay preocupación, no hay miedo al que dirán.
Estás tú y tu camino, y eso te basta.
Pero bueno, ya me he entretenido suficiente en esta parada, es hora de seguir adelante.

domingo, 5 de agosto de 2018

Una experiencia inolvidable - Día 1

Todo estaba en penumbra. Unas luces titilaban a lo lejos pero nada que pudiera alumbrar el camino que seguía aquella noche.

¿Tenía miedo? No, miedo no era la palabra. Precaución sí, no sabía que me podía encontrar en ese lugar; pero, ¿miedo? Era una palabra demasiado fuerte que extinguiría la emoción que sentía en aquel momento.

No sabía donde estaba, pero no me importaba; simplemente tenía que andar un camino ya recorrido por otros. Seguir sus pasos.

Si otros lo habían logrado, ¿por qué yo no? Me repetía una y otra vez.
Sí, tal vez eran más fuertes y más inteligentes; e incluso puede que fueran mejores que yo; pero hay algo que marca todo lo demás, el esfuerzo.
El esfuerzo es la diferencia entre elevarte a los cielos o condenarte al fracaso, y algo tenía muy claro:
A esfuerzo no me gana nadie.

Una vez reafirmados mis pensamientos seguí andando teniendo cuidado por donde pisaba; podía haber cristales.

viernes, 3 de agosto de 2018

Una crítica sosegada

No dejaba de acumular polvo, creo que ya iba siendo hora de tirarlo.
Había intentado mantenerlo todo lo posible con la esperanza de, en un futuro cercano, utilizarlo; pero había sido en vano. No le había encontrado un uso apropiado y lo único que hacía era estorbar, ocupando un espacio, no demasiado grande, pero que podía ser rellenado por cosas más valiosas.
Es impresionante, ¿eh? Como vamos dejando tirados, a un lado del camino, todo tipo de seres y objetos, otrora muy importantes para nosotros, hasta ser olvidados. Hasta acabar convertidas en  acumulapolvos,, ocupando espacios innecesarios y manteniéndolos con miedo a tirarlos como si tuviéramos síndrome de Diógenes. 
El ciclo de la vida lo llaman, aunque más que ciclo, lo llamaría continuo; pues una vez que se olvidan, pocas veces vuelven.
Pero ya basta de divagar; volviendo al caso que nos ocupa, toca decidir qué hacer con esto, no me gusta que esté ahí tirado. Creo que lo llevaré a alguna tienda de segunda mano, a ver si puedo sacar algo de provecho por ello.
...
- ¿Seguro que se quiere deshacer de su Cerebro señora Sociedad?
- Segurísimo. señor Dependiente; llevo tiempo sin darle uso.
- Está bien, como usted quiera. De todas maneras, lo dejaré al lado de sus Valores y su Moralidad, por si algún día quiere recuperarlo todo.
- Muchas gracias, aunque lo dudo.
En el continuo de la vida... lo que se tira, se olvida.