jueves, 20 de noviembre de 2014

La huida (III)

¡Despierta perro! fue lo primero que oyó Alber al levantarse ¡No es hora de dormir! ¡A trabajar!

Todos los días igual, la misma rutina desde hace siete años. Siete malditos años encerrado soportando sus insultos, sus vejaciones, sus patadas; ¡algunos de mis amigos han muerto debido a los golpes!
Pero yo no, yo debo aguantar, tengo que resistir y encontrar la manera de salir de aquí; aunque el último que lo intentó... bueno, mejor no recordarlo - pensó Alber agitando la cabeza temeroso de que la imagen del esclavo decapitado y echado a los perros hiciera que su ira se transformara en miedo quitándole el valor que le quedaba para escapar.
Necesito un plan. Algunos esclavos están planeando un motín; menudos idiotas, está condenado al fracaso. Intenté advertir a Alphonse de que abandonara esa idea descabellada, pero no me quiso escuchar. Su amor por Karina le impide ver la realidad y sólo piensa en impresionarla. Tonterías.
Quizás pueda aprovechar ese momento para escapar, y después... bueno, no sé, ya me las arreglaré; mientras tanto debo seguir disimulando y haciendo mi trabajo como la escoria que soy.

Rápidamente me levanto antes de que vuelva el guardia y empiecen a lloverme golpes que me dejen más débil de lo que ya estoy, estos guardias no se caracterizan por su excesiva paciencia y su infinita bondad. Me dirijo a las minas y nada más llegar noto un cambio en el ambiente respecto a los últimos meses: el aire está enrarecido, la tensión se palpa en el ambiente. Así que hoy es el día...
Con un par de preguntas a la persona adecuada me entero de que la revuelta está programada para el próximo cambio de guardia, es decir, dentro de media hora. Tengo que darme prisa.
Me escabullo como puedo y voy corriendo hasta mi catre y recojo todo lo que tenía ahí escondido por si surgía una ocasión como esta: el colgante que me regaló mi difunto abuelo, algo de comida con aspecto de estar en mal estado y un pequeño cuchillo que le robé a uno de los guardias mientras dormía.
Quince minutos, tengo que darme prisa. Una vez empiece la revuelta no tardarán en cerrar las puertas y será imposible escapar; lo mejor será que salga por las minas. Estarán vacías, o eso espero.

¡Eh, tú! ¿Qué haces aquí? ¡Deberías estar trabajando!
¡Mierda! ¡Me han pillado! ¡Disimula! 
Si señor, me quede dormido, lo siento mucho - digo agachando la cabeza - ya me voy...
¡Vete a trabajar antes de que te arranque la piel a tiras, perro! - grita el guardia seguido de una serie de improperios.
Ha faltado poco,;tengo que tener más cuidado o la próxima vez no tendré tanta suerte.
Quedan diez minutos, tengo que darme prisa...

Seguidamente me dirijo a las minas mientras maldigo mi estupidez, como siga así nunca conseguiré salir de aquí.
Una vez allí me quedo agazapado esperando oír el ruido que indicará el comienzo de la revuelta.
Pasan los minutos: uno, dos, tres... la rebelión debería haber empezado ya ¿Qué ha pasado?
No me digas que... rápidamente me asomo a la salida sólo para ver a diez guardias armados custodiando la salida hacia mi libertad ¡Maldita sea! Alguien ha debido filtrar la información, se han enterado y nos han tendido una trampa.
Da igual, tengo que conseguir salir, nunca tendré otra ocasión como esta, ¿pero cómo? No puedo enfrentarme a los guardias, aun cuando tengo el cuchillo, son demasiados. Lo único que puedo hacer es buscar otra salida cuanto antes. Tengo que darme prisa, el tiempo apremia y la seguridad cada vez será más fuerte.
Noto como me invade la desesperación; tranquilo Alber, tienes que calmarte, no puedes dejarte llevar por el miedo o nunca conseguirás salir de aquí. Vuelvo sobre mis pasos y salgo de las minas en busca de otra salida.

¡Alber! ¿Por fin te encuentro! ¡Necesito tu ayuda!
Dios mío, es Karine, parece a punto de romper a llorar, está al borde de un ataque de pánico. 
A duras penas me cuenta lo que ha pasado, apenas puede hablar, está temblando, ha debido de pasar algo muy grave allí arriba.
Como pensaba les han tendido una trampa, han capturado a casi todos, ¡Alphonse entre ellos!
Mierda, ¿qué debo hacer? Es casi imposible ayudar a Alphonse en este momento, y aunque sea mi amigo...
Sigo corriendo mientras mi corazón se debate entre abandonarle o intentar lo imposible. La situación se ha complicado con Karine, totalmente inútil y un lastre que he de cargar. Tal vez deba dejarla aquí, tendré mas posibilidades si escapo solo...



HISTORIA CANCELADA.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Siete (II)

En efecto. Aquí están. El bebé sigue llorando, ¿por qué no se callará? Debo hacerlo ya.
Rápidamente y aunando las últimas fuerzas que le quedaban el desesperado viajero se lanza a por el que cree la presa más débil: el bebé; con la esperanza de que el shock deje indefensos a aquella pareja de adultos convirtiéndolos en dos seres sin voluntad propia.
Por desgracia, al salir se le queda enganchada una rama y cae, maldita sea mi suerte, ¿cuándo me abandonó? se pregunta mientras va perdiendo la consciencia debido al golpe que se ha dado al caer.
Que deprimente... acabar mis días tirado en un bosque rodeado de la familia que pretendía asesinar. Bueno, este debe ser el destino de todo ladrón supongo: una vida de desconfianza conlleva una muerte en soledad...

¿Eh? ¿Dónde estoy? Que raro... lo último que recuerdo es que caí al atacar a esa familia, debería estar muerto...
¡Mamá, mamá! ¡Ha despertado! Oigo gritar al criajo. Su voz estridente me produce dolor de cabeza, ¿por qué no se callará?
Es de día, han debido escapar y me han llevado con ellos, ¿por qué? Habría estado bien morir allí, así no tendría que seguir soportando el peso de mis recuerdos y habría podido descansar en paz. Malditos humanos, siempre inmiscuyéndose en el destino de los demás.
El padre sale del bosque con leña bajo el brazo, la túnica remangada y un reguero de sudor recorriendo su frente. Hace calor. Bajo la luz del sol se ve destellar la cruz que lleva colgada al cuello, un sacerdote, ¿qué hace tan alejado de su iglesia? Debe ser un misionero o esta huyendo, o las dos cosas... Son días difíciles, hasta para la Iglesia, los "servidores de Dios". Aunque no me extraña, los rumores sobre los cadáveres de los niños encontrados en el sótano de la casa del Sumo Sacerdote no han ayudado a que la gente recupere la confianza en la Iglesia.
¿Qué hacen aquí? Espero enterarme pronto...

El maltrecho viajero hace ademán de levantarse, las fuerzas le fallan y se vuelve a caer al suelo, está demasiado débil...
Rápidamente el hombre de la túnica y su mujer van corriendo para ayudarle; ¡Elric, trae agua! ¡Deprisa! le gritan al niño. Segundos después aparece el niño con el cubo de agua a rebosar y se lo da a su padre quien lo inclina suavemente sobre los labios del ladrón hasta que este empieza a toser, claro indicio de que ya había bebido suficiente.
Pobre alma, debe de haber sufrido mucho. ¿Que haría en este sombrío bosque? Parecía muy asustado cuando apareció ante nosotros.
Le preguntaremos cuando despierte de nuevo-decide el padre al ver que había vuelto a caer dormido presa del cansancio acumulado durante semanas, tal vez meses.

Cuando volvió a despertar ya estaba anocheciendo, la familia había encendido una hoguera y estaban cocinando lo que parecían ser los restos de un animal muerto.. Bien, el fuego impedirá que las bestias se acerquen, por lo menos estaremos a salvo- pensó intentando ponerse de pie.
Acércate, ¡tenemos comida!-oigo gritar a la madre.
-¿Cómo te llamas?
-Alber- respondo en un leve susurro.
-¿Y que hacías en este lúgubre bosque a esas horas? ¿Donde está tu familia?
-Vamos mujer, no lo atosigues con preguntas, ¿no ves como está el chaval? Parece que ha pasado por un largo calvario, mírale la cara- le dice el padre al ver mi reacción ante tal sucesión de preguntas.
-Tienes razón, lo siento Padre. Perdóname Alber, no quería incomodarte, ha debido ser muy duro para ti. Simplemente tenía curiosidad por saber que hacía un chico como tú en un bosque tan tétrico, ¡y más por la noche!

El viajero, reacio a contestar cualquier pregunta, sumido en un intenso silencio enfoca su atención en devorar la comida que le habían ofrecido. Hacía varias semanas que no comía algo tan delicioso, el último bocado que había probado fue aquel insecto que logró cazar hacía ya cinco días atrás.
Mientras comía el esbozo de un plan iba formándose en su cabeza: se aprovecharía de ese grupo de viajeros, se ganaría su confianza, y cuando se fueran a dormir los mataría y huiría. Tal vez disfrazándose de sacerdote le dejarían entrar otra vez en la ciudad y allí cumpliría su venganza.
Se vengaría de todos aquellos que le habían traicionado, que le habían vendido como esclavo condenándole a siete años de sufrimiento. Siete años de trabajar de sol a sol a base de latigazos, de cadenas y de cárceles inmundas...
Se lo haría pagar. A todos ellos...

viernes, 7 de noviembre de 2014

Noche (I)

Solamente los rescoldos de la que había sido una hoguera fulgurante perturbaban la negrura de aquel espacio temporal antes del amanecer llamado noche.
Una noche tan oscura como el alma de aquel que vaga por el bosque esperando encontrar su destino abandonando toda la humanidad que le queda. Los lobos no aúllan puesto que no hay luna, las lechuzas no osan asomar la cabeza siquiera para comprobar que ha llegado su hora. Nada perturba el silencio en el que se encuentra aquel joven de mirada vacía y alma destrozada. Bueno, si es que a esos huesos se les puede llamar joven y a esos despojos de voluntad apagada, alma.
Lo único que hace es esperar, espera la llegada de un nuevo día en el que no ocurra nada, espera la llegada de un viajero descuidado que pueda asesinar y librarle del sufrimiento del que tan ciegamente cree él que está lleno el mundo.

Ruido. Parece ser que hoy tendrá suerte. Se levanta con el sigilo de quien está acostumbrado a no ser visto y con un movimiento aparentemente automático se agazapa a la espera de que el incauto viandante pase a su lado. Cada vez está más cerca. Su respiración se empieza a agitar pensando en la posibilidad de comer algo hoy, ya que llevaba varios días sin probar bocado y sus tripas rugían desde hace tiempo. 
Pasan los minutos y la espera se hace eterna, pero no pasa nada, ha aprendido a ser paciente, esperará todo lo que haga falta con tal de conseguir su objetivo; eso le habían enseñado. 

¡Por fin! Ya está aquí su esperada presa, piensa mientras va tensando cada uno de los músculos de su destrozado cuerpo. Sin embargo, hay algo que no había previsto, ¡son tres! Un niño pequeño de unos seis años acompañado por sus padres. Parecen agitados, deben de haberse perdido, tal vez se les averió el coche y vinieron hacía aquí llamados por el leve resplandor de los restos de la hoguera que había usado para calentarse aquella noche. 
¿Acaso no sabían que los bosques son peligrosos? De noche salen a cazar las bestias que lo habitan, animales rabiosos cuyo objetivo era el mismo que el del joven acechante: sobrevivir un día más.

Es peligroso atacar ahora, no contaba con eso. Aunque descarte al niño siguen siendo dos y el hambre me ha debilitado, pero necesito comer pronto o acabaré perdiendo el leve resquicio de razón que me queda, acabaré siendo consumido por la Locura, La única a la que no puedo hacer frente con mis puños, lo que más temo y siempre he temido en este mundo.
Decido seguirles. Si, esa será la mejor opción por ahora. A ver a dónde se dirigen. 
Camino con ellos un largo trecho viendo como cada vez se agitan más, tal vez conscientes del peligro que acechaba en ese bosque. 
De pronto el niño comienza a llorar ¡Maldición! eso alertará a las demás criaturas, no puedo dejar que siga así o tendré problemas cuando lleguen.

He tomado una decisión, correré el riesgo. Es mi única opción, la última oportunidad que tengo de conseguir algo de comer esta noche y probablemente la única que tenga este mes.
Busco a mi alrededor en busca de algo que me sirva para noquearles, un palo o quizás una piedra. Da igual. No tengo tiempo. Me acerco a un árbol y amortiguando el sonido con el llanto del bebé, parto una rama. Ya lo tengo, ahora solo falta lo más difícil. Me adelanto un poco más por el camino y les espero en la siguiente curva agazapado entre los matorrales que cubren ambos bordes de la desgastada senda que recorren. No tardarán en aparecer...