Iba tarde, sucesos incontrolables me habían impedido avanzar y la oscuridad era tan profunda que no podía ver más allá del largo de mis brazos.
Me dolía el cuerpo, pero tenía que seguir. Me había prometido darlo todo y no rendirme y eso haría. Sin embargo, era tan difícil...
Me levanté por pura fuerza de voluntad y me obligué a dar un paso. Y otro. Y otro más.
No sabía donde estaba, ni a donde iba; pero daba igual, lo importante era avanzar y eso haría. Seguro que en algún momento me encontraría con alguien.
Antes de empezar esta aventura la gente me había preguntado qué pasaría si no llegaba a donde quería, si no encontraba lo que buscaba o, simplemente, si me rendía a mitad de camino.
La gente que me apoyaba no era ni la mitad de la detractora que tenía, gente recelosa de cualquier tipo de cambio, y menos si conllevaba esfuerzo.
Sin embargo, no puedes triunfar si tus ganas de tener éxito son iguales a tus ganas de dormir.
Incluso si fallaba, ya había aprendido algo; y eso, "amigos", no tiene precio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario