Me desperté sudando, alterado, miré el despertador - las 6:00 de la mañana - debía prepararme para ir a trabajar.
Qué sueño más raro había tenido.
Fui al baño, le puse pasta al cepillo de dientes y me lo metí en la... ¿eh? ¿Y mi boca?
Me miré al espejo, ¡no tenía cara!
Empecé a temblar mientras me tocaba la cara con angustia intentando sentir las aberturas propias de los seres humanos; ojos, boca, nariz... No notaba nada. ¡¿Qué estaba pasando?! - grité para mis adentros.
No podía salir así a la calle, necesitaba ayuda, alguien sabría que me pasa.
Cogí el teléfono, no sabía como pero podía hablar aunque no tuviera boca:
- ¿Ari? ¿Podrías pasarte por aquí antes de abrir tu consulta? Es urgente - le dije casi a gritos.
- Voy enseguida.
Pasaron veinte minutos hasta que llegó, Ari era la persona en a que más confiaba, un colega médico de los tiempos de la facultad; y aunque nuestros caminos se hubieron separado seguíamos en contacto y sabía que podía contar con él. Al fin y al cabo, siempre me había ayudado sin importar de qué se tratara.
Sonó el timbre, abrí la puerta y retrocedí sobresaltado.
- ¿ Ari? ¿ Qué te pasa en la cara? - Era exactamente igual que yo, donde debía estar su cara había una superficie completamente lisa, sin aberturas.
- ¿Estás enfermo? ¿Qué es una cara? - preguntó mirándome con extrañeza.
- ¡¿Cómo que qué es una cara?! - Esto no podía ser cierto.- Ya sabes, ojos, nariz, boca... - con cada palabra que pronunciaba el gesto de Ari se iba torciendo cada vez más hasta acabar mirándome como si estuviera loco.
- Creo que debes descansar un rato amigo mío, estás diciendo cosas muy extrañas, has tenido unos días muy duros en el trabajo lo sé, y la pérdida de Elisa ha acabado por afectarte demasiado.
- ¡Esto es lo que es extraño! Empezando por ese estúpido sueño. ¿Cómo podemos hablar si no tenemos boca?
- Mira, no te preocupes, voy a llamar a un amigo psiquiatra para que te examine, pero yo me tengo que ir que la consulta no se abre sola. No te muevas de aquí, vendrá enseguida.
- Claro... - dije mirándole impotente mientras veía como se marchaba - Hasta luego Ari.
- Hasta luego #127, asegúrate de descansar bien -se despidió cerrando la puerta tras de sí.
¿127? Así es como me había llamado aquella mujer, Cuatro, en ese estúpido sueño. ¿O no había sido un sueño?