martes, 3 de noviembre de 2015

Capítulo IV: Una noche movidita

Me disponía a regresar a casa totalmente abatido cuando vi aparecer una persona delante de mí.

- Bonita noche, ¿verdad? ¡Qué raro encontrarte consciente! ¡Disfrutando del paso?
- Hola señor Rogers, buenas noches. La verdad es que ya me iba - dije
Si no le importa... - continué haciendo un ademán de marcharme.
- Pero hombre, no tenga tanta prisa, ¡si acabo de llegar! - respondió poniéndome la mano en el hombro.

Miles de preguntas inundaban mi cabeza en ese momento, ¿qué hacía allí?, ¿de dónde había venido?
Sin embargo la sospecha de que él podía ser el asesino de mi familia hizo que me contuviera y me quedara callado.

- ¿Qué haces por aquí a estas horas intempestivas? - prosiguió el señor Rogers.
- Pues la verdad es que necesitaba despejarme y quería dejar a Jaqueline un poco de espacio, no quiero ser un estorbo.
- Ah, pero es que ya lo eres - respondió con una crudeza difícil de imaginar y una sonrisa en su cara, parecía que disfrutaba con ello - sin trabajo, ni familia, con una vida penosa y siempre con esa mirada triste en los ojos.

En ese momento, un murmullo recorrió toda la taberna: << Menudo malnacido>>

- ¡No! No se enfade, hombre, no era nada más que una pequeña broma entre amigos - añadió rápidamente al ver como mi cara se contraía en un gesto de ira - Quiero ayudarle, si se lo digo es porque quiero que salga adelante. Mira, ¿por qué no viene a mi casa y nos tomamos una copa junto al fuego?
- No estoy seguro de que sea una buena idea, la señorita Jaqueline podría preocuparse - dije con la imagen de esta tarde todavía en la cabeza.
- ¡Oh! No se preocupe por tontería como esa, cuando lleguemos mandaré a uno de mis criados a avisarle.
- Bueno... si es así... - dije buscando una excusa que me librara de ir a ese extraño lugar.
- ¡Decidido entonces! - dijo echando a andar sin darme tiempo de decir nada.

Después de 15 minutos de conversación insulsa sobre los antepasados del señor Rogers llegamos hasta aquella llamativa puerta que tanto me había exttrañado la primera vez que la vi.

- Pase, pase, no sea tímido - dijo el señor Rogers cruzando el umbral -  ¡Elizabeth! ¡Elizabeth! Estas criadas... nunca están cuando se las necesita.
¡Por fin! ¿Dónde estabas? Seguro que emborrachándote a mi costa.
- No señor, estaba en el jardín de atrás recogiendo la escalera que alguien había dejado tirada por ahí -  dijo con un deje tembloroso en la voz.
- No pierdas más el tiempo, ve a ver a la señorita Jaqueline y dígale que estamos aquí. ¡Rápido!
- Sí, señor - respondió marchándose en dirección a la casa.
- ¿Algo para beber? ¿Vino? ¿Coñac? pida lo que desee, tengo una bodega excelente.
- Vino, gracias - respondí preguntándome qué hacía allí.
- Supongo que se preguntará qué estás haciendo aquí - dijo leyéndome el pensamiento.
Bueno, la verdad es que esta tarde conseguiste despertar mi curiosidad, ¿tienes la nota aquí?
- Sí
- Muéstramela - dijo alargando el brazo - ¿Tienes idea de quién podría haberla escrito?
- No, señor Rogers, ni la más mínima idea - mentí decidido a no revelarle más información de la necesaria hasta que no conociera sus intenciones.
- Bien, lo he decidido,voy a ayudarle - dijo tras un momento de silencio.
- ¿De verdad? - respondí sorprendido.
- Sí, soy un hombre generoso y he decidido ayudarle con su pequeño misterio.
Averigüemos quien puede ser, pero hoy no, que es tarde, mañana empezaremos a investigar. No se preocupe por volver a casa, puede pasar aquí la noche, le diré a los criados que le preparen una habitación.
- Le agradezco la invitación señor Rogers pero creo que sería mejor que volviera...
- ¡Oh! Perdone que haya sonado como tal, no era una invitación, de hecho es su única opción - respondió sin perder la sonrisa un momento.
No querrá que la señorita Jaqueine se ponga triste si le ocurre algo en el camino de vuelta; por la noche ocurren muchos accidentes, ¿lo sabía?
Su habitación es la de la planta baja, al fondo del pasillo a la izquierda, Martin le guiará.

Mientras el criado me conducía a la habitación no podía parar de preguntarme qué había querido decir con eso, ¿era una amenaza? ¿O simplemente una advertencia?

- Es aquí señor - interrumpió la voz de Martin mis pensamientos.
- Gracias, puede retirarse.

Nada más entrar cerré la puerta y esperé a que se dejara de escuchar traqueteo para salir y poder explorar la casa. Tenía que descubrir quien era el señor Rogers y no iba a tener una mejor oportunidad.

En cuanto comprobé que no se oía un alma, abrí la puerta todo lo despacio que pude y me dispuse a salir de la habitación cuando oí una voz:

- ¿Necesita algo, señor?

¡Era Martin! ¿Cuánto tiempo llevaba ahí?

- No gracias, tan sólo voy al servicio.
- En ese caso permita que le acompañe señor, en esta casa es muy fácil perderse.
- Gracias pero creo que puedo orientarme solo.
- Lo siento señor, pero son ordenes del señor Rogers; no podemos dejarle solo, podría acabar en una situación desagradable.
- ¿Tantos secretos alberga esta casa?
- No nos está permitido responder a esa pregunta señor, es por su propio bien.

¡Maldición! Parecía que no iba a sacar nada en claro hablando con Martin y tampoco me iba a ser fácil explorar la casa si se quedaba vigilando toda la noche. Pero,
¡qué guardaba Rogers con tanto celo como para que no pudiera estar solo ni un momento? ¿Tendría relación con lo que había visto esta tarde? ¿O con el asesinato de mi familia'?

Mientras cerraba la puerta, ya de vuelta en mi habitación, vi como Martin se quedaba delante, dispuesto a pasar la noche vigilándome. Me iba a ser imposible salir por ahí.
Me acerqué a la ventana, para comprobar si estaba sellada con la idea de poder huir en caso de que fuera necesario cuando reparé en un papel enganchado entre el marco y la hoja.
Antes de salir eso no estaba ahí, estaba seguro; alguien debía de haberlo puesto mientras iba al servicio, ¿quién podía haberlo puesto?
Rápidamente abrí la ventana y cogí, lo que ya había identificado como una nota, la abrí y leí:

¡HUYE, ES PELIGROSO!

¿Era peligroso? ¿El qué? Quién podía haberlo escrito? ¿Era, tal vez, una broma del señor Rogers? Al fin y al cabo, una persona con una personalidad tan excéntrica como la suya era muy dada a ese tipo de bromas.

Sea como fuere, decidí no perder el tiempo y salir de ahí lo más rápido posible. No podía estar confinado más tiempo.
Abrí la ventana y salté, por suerte estaba en la planta baja. Nada más caer salí corriendo hacia la puerta que daba a la calle cuando empecé a escuchar ruidos dentro de la casa.
¿Ya se habían dado cuenta de la fuga? ¡Era imposible!

Me escondí entre unos arbustos y esperé a ver si salían a buscarme cuando empecé a oír gritos de alarma. Tan sólo distinguía una palabra:

¡Fuego! ¡Fuego! - Oí gritar a los criados.

Nada más escuchar la palabra de mis pesadillas, abandoné mi escondite y empecé a correr abandonando toda precaución; daba igual si alguien me veía, tenía que salir de ahí, necesitaba abandonar ese lugar cuanto antes.
Al cruzar la puerta oí una explosión y me di la vuelta justo para ver como una llamarada ascendía hasta el cielo y el fuego empezaba a devorar la casa, inundando la calle de luz.
De reojo vi como los criados empezaban a salir corriendo uno tras otro, tan sólo faltaban Martin y el señor Rogers. Debían seguir en la casa.

No podía creer lo que estaba pasando, otra vez no.
La pesadilla que me llevaba atormentando desde ese día se estaba haciendo realidad otra vez. Me quedé paralizado, parecía que la fuerza me había abandonado, la visión de las llamas había minado mi espíritu hasta tal punto que ignorando a los criados que pasaban a mi lado y abandonando cualquier aprecio por mi seguridad, me quedé allí contemplando las llamas hasta que se extinguieron.

Ni rastro de Martin y el señor Rogers...





Fin de la primera parte.