Es curioso, ¿verdad? como las ideas van y vienen. Un día puedes tener la cabeza llena de ideas y al siguiente estar completamente en blanco sin el más mínimo indicio de creatividad en tu mente. O las apuntas, o se van, desaparecen; a veces vuelven otras no. No sé. Ya he perdido la cuenta de la cantidad de textos que he dejado de escribir, la cantidad de ideas que he desechado por tener que hacer otra cosa, principalmente dormir. Porque sí, las ideas siempre vienen en ese remanso de paz en el que te sumerges cuando entras en la cama, en ese especie de duermevela donde la creatividad parece fluir mejor.
Últimamente, los últimos meses, parece como que tengo la cabeza embotada ¿no creéis? No escribo nada, solamente tengo apuntados unos borradores que no son lo suficientemente buenos como para mostrar al público, ni siquiera están acabadas. Pff... patético diría yo, un escritor, bueno; si se me puede considerar así, sin ideas, sin nada que contar durante meses, sin la más mínima idea.
Y aquí estoy, borrando y re-escribiendo párrafos y párrafos hasta que quede algo decente. Sois un público exigente y tengo que dar la talla. Seguro que no me perdonáis ni el fallo más tonto ¿cierto? Tengo que asombraros, que deleitaros con mis dotes para este arte llamado literatura, pero buff, a veces lo ponéis muy complicado; aunque los que me conocéis sabéis que eso de rendirme no va conmigo. Así que venga, manos a la obra, lo he decidido, todavía no he caído lo suficientemente bajo como para caer en el burdo truco que todo escritor utiliza cuando está falto de ideas: escribir sobre que no tiene nada que escribir.
Así que aprovecharé mi asombrosa locuacidad y labia para entreteneros y que vengáis a pedir aunque sea, una entrada más en éste mi Rincón. Que digo: nuestro Rincón.
Antes que nada, supongo que tengo que decidir sobre que tema hablar ¿no?, porque, aunque sea nuestro, el currante aquí soy yo, así que pensemos:
Puedo hablaros de....
...
...
...
Puedo hablaros de los electrones, de los átomos, puedo hablaros de células, de tejidos, de órganos; de organismos. Puedo hablaros de animales, plantas y personas, de sentimientos y emociones, de arte y de ciencia; puedo hablaros de grupos, de amigos, de colegas; de conocidos y de enemigos. Puedo hablaros de conflictos, de guerras, de la paz mundial y del hambre que asola África. Puedo hablaros sobre los misterios del universo y sobre la mente humana, aún más vasta que aquel. Puedo hablaros sobre el todo que conformamos o la nada en la que nos consumimos. Ideas, pensamientos, creatividad, innovación, aire, agua, dolor, miedo, alegría y tristeza. Puedo hablaros de cualquier tema que propongáis, y si no lo conozco, formarme mi propia opinión en cuestión de minutos y defenderla a capa y espada. Puedo hacer eso y mucho más, pero aquí; aquí hemos venido a hablar ¿no?
A hablar y a escuchar; o más bien, a escribir y leer.
Sé lo que estaréis pensando ahora mismo,; si es que podéis hacerlo después de quedaros anonadados ante mi asombrosa capacidad de argumentación para hablar de temas tan dispares como los mencionados anteriormente. Estaréis pensando: bien, bien, Andrés, todo esto está muy bien pero... ¿qué nos quieres decir con todo esto? ¿Cuál es el mensaje oculto?
Mmmmh, supongo que os lo habéis ganado después de aguantar hasta aquí. Os desvelaré el secreto tras este texto. Redoble de tambores por favor, con que lo hagáis para vosotros es suficiente; por aquello de darle emoción al asunto y tal, como en las obras de teatro vamos.
El secreto es.....
Que no hay mensaje. Tan fácil como eso.
Lo sé, lo sé, algunos estaréis decepcionados, otros ya os lo esperaríais (listillos) y otros aún seguiréis anonadados por la obra de arte de hace dos párrafos. Bueno, como ahora está muy de moda dejar los finales abiertos ya sea en libros o películas, dejaré que decidáis vosotros qué quiero decir con todo esto.
¡Hasta el próximo post!