martes, 25 de marzo de 2014

Nombres, ¿de verdad tan necesarios?

¿Por qué tenemos esa asquerosa manía de estropear las relaciones poniéndole nombre a los sentimientos que subyacen bajo ellas?
Cuando se le pone un nombre a algo, se le dota de significado, y el significado lleva un peso adherido. El amor, como os empeñáis en llamarlo, conlleva un peso muy grande. Tan grande que a veces la gente no puede soportarlo, tan grande que hace que las personas se tensen, se rompan y se derrumben.

¿Acaso no se dice "esta loco de amor"? ¿Que está locamente enamorado? Pues también se dice que está loco de atar; ¿de atar? Os preguntareis. Pues si, de atar, de atar los trozos sueltos que el amor ha separado, al haber roto al hombre que tuvo que soportar su peso. 
Para una mayor nitidez de este tema que estamos tratando, dirijamos nuestra mirada hacia la literatura, el ejemplo de amor por excelencia: "Romeo y Julieta", un clásico por todos conocido.
¿Su final? Los dos muertos.

¿Por qué tenemos esa necesidad de poner nombres a todo? ¿Por qué no se puede dejar que su simple existencia les describa?
Sigamos en este amplio tema que es el amor:
Novios, novias, ¿bonito término no? Bonito termino cuyo resultado son los celos, el concepto de posesión (puesto que es MI novio/a), y un sinfín de discusiones que no ocurrirían de no haberle puesto nombre a su relación. ¿O acaso no es verdad que, la mayoría de "rayadas" provienen del colega con novio/a? Yo no suelo discutir con los amigos, pero mis amigos con sus novias sí.
¡Cuidado!, no os digo que no tengáis relaciones, que os aisléis en vosotros mismos y no salgáis del caparazón; simplemente os aliento a que no estropeéis la pureza de una relación, la belleza de un sentimiento con algo tan burdo, tan vulgar como un nombre.
¿O acaso no es cierto que cuando ocurre algo maravilloso "no tenéis palabras para describirlo"? ¿Acaso no es verdad que lo increíble, lo que de verdad merece la pena os deja sin palabras? A vuestro juicio lo dejo.

Con esta entrada, para los más radicales, no quiero decir que los nombres no sean necesarios, ¡nada más lejos! Los nombres son necesariamente imprescindibles para establecer una comunicación correcta y sin errores. Seria imposible, o al menos muy difícil (lenguaje de signos) comunicarnos sin dotar de nombres a las cosas y de significado a los nombres.
Con esta entrada simplemente quiero resaltar la absurda necesidad de dar nombre a cosas que no lo necesitan, debido a que o no hay palabra en nuestro vasto vocabulario que sirva para describirlas y/o se describen por si mismas.

martes, 18 de marzo de 2014

La motivación: un deporte de riesgo

Uno de los mayores impulsores de la humanidad es la motivación, una motivación que puede ser tanto intrínseca como extrínseca según el individuo.

Se espera de todo ser humano que la motivación intrínseca sea, sin tener en cuenta situaciones especiales, mayor que la extrínseca, por aquello de los valores, principios y tal, sin embargo, no siempre es así.
De camino a la uni, me estaba preguntando cuál es mi motivación, qué es lo que me impulsa a correr todas las mañanas a coger el bus, el tren y después el Metro Ligero para ir a encerrarme en un aula en la que me enseñarán términos/conceptos que se encuentran en los libros y los cuales podría aprender por mi cuenta.
Qué es lo que me impulsa a madrugar día sí,día también para hacer una carrera tras la cual me encontraré irremediablemente en el paro.

Como me jacto de ser un hombre pragmático cuanto menos, he decidido dejar de lado esas preguntas e irme directamente a la raíz del problema. ¿Qué hay que hacer cuando uno no se encuentra motivado? ¿Dónde se encuentra la motivación?
Es decir, ¿como se pasa del "buah, para que" al "coño, y ¿por que no?", al "voy a hacerlo"?
Demasiadas veces me he encontrado ya con gente desganada incapaz de mostrar interés por cualquier actividad por su valor intrínseco, simplemente centrándose en el denominado extrínseco (por ejemplo: posibles beneficios).
Hoy, sintiéndome sin motivación, ninguna de las dos; poniéndome en su piel, me he dado cuenta de lo difícil que es vivir así, en un constante aburrimiento, haciendo cosas que no quieres, viviendo desganado y sin motivación alguna.
Así que se me ha ocurrido una idea bastante simple en un principio pero que, como luego veremos, tiene su complejidad.

Si Mahoma no va a la montaña... bueno, ¿todo el mundo sabe como acaba no?
Es decir, en vez de buscar la motivación en lo que hacemos, lo preferible seria buscar lo que te motiva, pensar en lo que te gusta y hacerlo. Es decir, cambiar la dirección de nuestro pensamiento.
Esta idea, sin embargo, tiene un fallo evidente: no todo lo que nos motiva sirve.
Pongamos por ejemplo el fútbol, puede motivarte muchísimo pero, a menos que seas futbolista profesional, no te servirá en el día a día (seamos sinceros, esto no es Oliver y Benji).
Teniendo esto presente, lo único que hay que hacer es mirar en el interior de cada uno, ver sus aficiones, sus hobbies y compaginarlo para poder encontrar esa motivación que te haga salir de la cama todas las mañanas para ir corriendo a coger el autobús; como en mi caso es, la carrera de Psicología y todo el saber relacionado con ella.

Por último, antes de irme, queridos lectores, no querría despedirme sin antes lanzaros una pregunta:
Y a vosotros...¿qué os motiva?